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Cuernavacense de corazón y nacimiento, trabajador desde sus primeros años de existencia, de recio carácter, entregado al estudio. al deporte y a la familia, el licenciado Javier Demesa Castro nació en Cuernavaca el 25 de octubre de 1940 en El Valle del Pilancón en la avenida Reforma, ahora Colonia Reforma.

En el lugar de su nacimiento había algunas granjas avícolas pero casi todo era estaba lleno de corrales de ganado. En un rancho de esos vivían unos señores originarios del Bajío que traían ganado holandés y suizo. Su padre, don J. Trinidad Demesa Rodríguez lo traía de la huasteca y su mamá, doña Rosamaría Castro Rodríguez era ama de casa.

Su padre le compró una yegua alazana para que arriara el ganado; se acuerda que a su yegua la que cuidaba con mucho cariño, con la que llevaba a los animales a comer y se encargaba de tener limpio los corrales, el ganado y por supuesto a propio caballo. Indica que no hay mejor maestro que la misma naturaleza y ahí se dio cuenta de la diferencia entre la cultura de la ciudad y la del campo: el amor a los animales y a la tierra, que después de entenderla la tradujo al respeto a las relaciones humanas.

Javier pasó su primaria en la escuela Felipe Neri y parte en la secundaria federal No.1 Él quería ser militar como lo fue su padre, pero no se lo permitió a pesar de haber sido él un gran revolucionario. Al terminar la escuela se puso a trabajar en Textiles Morelos, y a los 16 años entró a laborar al Banco Nacional de México. Luego regresó a su antiguo trabajo en Textiles, al departamento de la Caja de Rayas, donde se les pagaba a los 2,300 trabajadores de la Fábrica.

Después se cambió a la harinera “El Refugio” de la familia Pedersine como auxiliar de contador. Donde trabajo durante trece años. Regresó a terminar en la secundaria Emiliano Zapata y a la preparatoria 1 del Estado. Fue Consejero de la misma y presidente del Comité de Alumnos. Durante su juventud le atrajo el deporte del futbol en el que jugó en la liga infantil y juvenil del equipo “Cerámica de Cuernavaca”, después en el “Atlético de Cuernavaca”, en el “Vergel”, el “Flores Magón” y en el “Rivetex”. También le gustaba entrenar al box en los Baños Lido de los hermanos, Juan y Luis García, con Jorge Fricas y algunos otros.

Conoció a la joven Irma Chacón Campos, quien fue su novia durante año y medio en que contrajeron nupcias. Tuvo 6 hijos: Javier, Irma, Adriana, Rosamaría, Gabriela y Francisco, quien tiene una Maestría en Administración de Negocios otorgada por la Universidad de Harvard en Estados Unidos. “Ahora él es un alto ejecutivo de la empresa donde trabaja”.

Javier Demesa se fue a Torreón durante cinco meses a trabajar en el Banco Agropecuario de La Laguna con el cargo de supervisor, en espera de que se abriera el período de exámenes en la Escuela de Derecho. Se fue a la Ciudad de México, donde presentó su examen de admisión en la UNAM e ingresó a dicha institución, a la vez que trabajaba en una empresa denominada CASFED, propiedad del señor Federico del Castillo, en el área jurídica. En la empresa hacían blocks de concreto, tubos de drenaje y otros consumos para la construcción.

Durante el tercer semestre de la carrera, comenzó a trabajar en el despacho del licenciado Alfredo Salgado Martínez y con el licenciado Pedro Maldonado quien le ofreció un espacio en calidad de traspaso en la misma oficina. Toda vez que estaba establecido, empezó a llevar asuntos con clientes que le tenían toda la confianza al haberlo tratado en el Banco Nacional de México. Y así se fue ganando un lugar entre los clientes, llevando grandes negocios agrarios, sucesorios y dentro de las áreas jurídicas penales. En ese mismo despacho don Javier Demesa, sigue ejerciendo su profesión de Licenciado en Derecho.

Nos interrumpe para contarnos que una vez su padre y él fueron al recién inaugurado cementerio, El Parque de la Paz, a acompañar a unos deudos. Le dijo que en ese lugar, donde se veían los volcanes y toda Cuernavaca, quería ser enterrado. Al morir su padre, Javier se encargó de su sepelio, se le acababa el tiempo, pues había un conflicto entre los comuneros de Chipitlán y el gobierno del Estado. Buscó sin éxito quién le ayudara. Preocupado fue a ver al licenciado Tenorio Carpio quien lo llevó a su oficina, tomó el teléfono y habló con Lidio Mancilla, líder de los comuneros, quien lo llevó al panteón a enseñarle el lugar y le permitió escoger el sitio que su padre le había pedido.

A pesar de tener ofertas de trabajo en varias dependencias oficiales, nos dice que las declinaba por convicción y principios, pues no quería ser empleado de nadie y menos del Gobierno. La rama de su carrera es el Derecho Civil, ya que ésta casi cubre todas las aristas de la profesión. Javier habla del sentimiento del amor que recibió de sus padres y de sus hermanos, “De quien siempre me sentido orgulloso”.

Nos cuenta que uno de sus asuntos fue al que su amigo Alejandro León Flores, dueño de una bodega que le rentaba a una paraestatal que surtía productos del mar. Le dejó de pagar la renta y demandaron a la empresa por el retraso de pensiones rentísticas y en tres meses, se ejecutó la sentencia acusatoria. La Actuaria, junto con la fuerza pública, les vació la bodega con 40 toneladas de productos del mar y le fue entregada a su dueño en plena Semana Santa.

El licenciado Demesa fue Asesor jurídico de la CTM, siendo Secretario General don Gonzalo Pastrana Castro. Javier también fue Presidente de la Unión de propietarios de Predios Rústicos Urbanos del Estado durante siete años, habiendo logrado para sus representados, entre otros beneficios, descuentos en el pago de predial, del agua y de otros servicios hasta un 35%, gracias a las gestiones realizadas por el Gobernador Lauro Ortega Martínez. Magnifico abogado, gran amigo de todos, amante padre, hombre honesto y de prestigio, sigue siendo el Licenciado Javier Demesa Castro, el que es un ciudadano ejemplar.

Semblanzas de Morelos
Rafael Benabib
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