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Licenciado en Derecho, Miguel Cajigal Navarro estudió en la escuela Felipe Nery, la preparatoria la hizo en la Universidad de Morelos, a un costado de la iglesia de Guadalupe en el centro de Cuernavaca; y su licenciatura en la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos. Su padre fue Luis Cajigal Domínguez y su mamá es María Navarro Tobón, de 88 años de edad y vive en casa de Miguel. Él nació en Cuernavaca en el barrio de Gualupita, el 15 de octubre de 1946. 

Trabajó como obrero en la compañía de autos “Nissan mexicana” cuyos dirigentes lo ayudaron a terminar la preparatoria. Su trabajo consistía, junto con otros compañeros en vigilar y construir las cercas alrededor de la compañía. En una ocasión llegó un ingeniero a supervisarlos y al estarlos regañando, levantó una piedra para mostrar donde quería la cerca y le pico un alacrán. Lo llevaron entre todos al Seguro Social, donde les agradeció y hasta se le quitó lo gruñón.

A un costado de la puerta de la fábrica, se colocaban unos puestos de fritangas que obstruían la entrada. Uno de los subgerentes de la planta le dio la orden de removerlos. Miguel habló con ellos y les ofreció que si se quitaban de ahí, les marcaría un espacio para cada local de forma fija. Aceptaron y Miguel midió con un mecate lo que cada quien necesitaba para su propio puesto. Desde entonces a él lo llamaban ingeniero y ni a Miguel ni a sus compañeros les cobraban lo que quisieran comer.

Ingresó a la Universidad a estudiar leyes y mientras estaba en la Facultad de Derecho de la UAEM, recibió la oportunidad de trabajar en el recién estrenado Juzgado Tercero Civil como aprendiz y después actuario del juzgado.

El licenciado Fausto Galván Campos fue nombrado Procurador de Justicia del Estado y Miguel estuvo como Agente del Ministerio Público, adscrito en la mesa cuarta durante tres años. Recuerda el día en que el licenciado Galván Sánchez lo invitó a ir a México a una diligencia y luego a comer. De pronto llegó un señor a la mesa. El licenciado Fausto Galván se levantó y Miguel también; se trataba del Líder del Senado, don Antonio Rivapalacio López, quien los llegó a saludar personalmente y quien ya había pagado nuestra cuenta. Don Antonio Rivapalacios siempre fue un gran señor.

Al salirse como M.P., trabajó con el licenciado Francisco Zapata Mayorca en el Juzgado Primero de Distrito donde estuvo poco más de un año. En aquel entonces fue llamado por el Rector de la UAEM, el Ingeniero Químico don Sergio Figueroa Campos, a ocupar el puesto de director de la preparatoria 2 y nombrado Maestro de Tiempo Completo adscrito a la misma institución, dependiente de la UNAM en la colonia Altavista. Ahí comenzó su vocación por la docencia y lo interesante que era la administración de la preparatoria. En ella estuvo laborando durante 23 años.

El Rector de la UAEM, Sergio Figueroa, instituyó los cursos en licenciatura que llevaba la maestra Elsa Roca de Licardí, de quien tiene muy buenos recuerdos y le guarda mucho respeto. Una vez le dijo que él era el único director de la universidad que llegaba a asistir a esa licenciatura, pues los demás se creían que ya lo sabían todo. 

Siendo director de la preparatoria 2, al llegar el ingeniero don Fausto Gutiérrez Aragón a la rectoría, lo nombró Director de Servicios Jurídicos de la UAEM, hasta que obtuvo su jubilación de la Universidad.

Nos explica que lo más difícil de controlar son los alumnos de una preparatoria, donde los jóvenes están muy alejados de sus primeros años de estudio. Los jóvenes no saben cómo comportarse. Están descubriendo el sexo, el proceso es difícil y se tardan un tiempo en poderlo digerir. “Creo que eso y la necesidad de trabajar son las razones por las cuales existe tanta deserción”. Otra vez, dentro de la dirección, se presentaron unos estudiantes quienes se quejaban de que una de las maestras era demasiado estricta. “Papá, papá”, dijeron y él los interrumpió diciéndoles que sea lo que fuere del asunto que los llevaba ahí, si ustedes son tan faltos de respeto con la maestra como lo son conmigo, yo le doy a ella la razón, ya que yo no soy ni papá ni jefe, sino su maestro y el director del plantel. “Creo que de algo sirvió el regaño, porque hasta con su maestra cambiaron de actitud”, acotó.

En 2000 aceptó ser Magistrado Numerario del Tribunal Superior de Justicia y terminó de ser Magistrado en 2006, al final del periodo constitucional. Nos cuenta que el Presidente del Tribunal: licenciado Víctor González Cianci, recibió una invitación para ir a Alemania y dejó en su lugar al licenciado Cajigal Navarro como presidente interino del Tribunal durante dos meses y medio.

Estudió por dos años una maestría sobre Procuración y Administración de Justicia, implementada por cuatro instituciones morelenses: el Colegio de Seguridad, el Tribunal Superior de Justicia y por la UAEM. Se inscribieron 71 alumnos, de los cuales 68 de ellos se recibieron. Fue una sorpresa, ya que ninguno necesitó de la ayuda del exterior, sino que aprendieron porque al que se recibiera no le costaba el curso, mientras aquel que reprobara, tenía que pagar por toda la carrera. Sólo tres de ellos no lo lograron. El licenciado Miguel Cajigal Navarro fue el primero en titularse de Maestro de todos los demás del grupo, recibiendo Mención Honorífica.

El licenciado Cajigal Navarro, ha sobresalido dentro de la docencia en su querida preparatoria 2, así como en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos donde pasó los principales años de su vida. Ha atravesado por los más interesantes caminos del Poder Judicial, lo profundo  de la docencia y el peculiar mundo de la administración.

El Maestro y licenciado don Miguel Cajigal Navarro es un ejemplo para los morelenses.

Semblanzas de morelos
Rafael Benabib
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