Hombre introvertido, Guillermo estudió la licenciatura en Administración de Empresas, estuvo trabajando en el negocio de confecciones donde tenían un pequeño negocio y daban a maquilar a talleres alrededor del Estado, en Coatetelco, Tetecala y en la colonia la Carolina de Cuernavaca. Ahí se confeccionaban, camisas y pantalones de gabardina de algodón. Tenían once vendedores que cubrían las plazas de gran parte del Estado de Guerrero, como la Costa Grande, la Costa Chica, Taxco Iguala y Chilpancingo, al igual que del Estado de Morelos.
Su padre, don Ricardo Pérez Alvarado, falleció en 1992 y Guillermo se hizo cargo de los negocios, a la vez que terminaba sus estudios. Cuenta que se iba una vez por semana a comprar las telas de colores y diseños que fueran diferentes a los que tenía la competencia. Muchas veces se desplazaba a Puebla, traía mercancía y regresaba de inmediato a la UAEM para no perder ninguna de sus clases.
Su mamá es la señora Ermelina Quinto Estrada. Gran ama de casa, quien ahora tiene 94 años de edad. Tuvo cinco hijos: Eduardo, Guillermo, Alejandra Silvia, Ricardo y Grisel. Guillermo. Pérez Quinto nació en Cuernavaca el 1 de marzo de 1952.
Memo hizo sus estudios primarios en la escuela Evolución, la secundaria y la preparatoria en el colegio Cristóbal Colón. La carrera la cursó en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos de 1973 a 1977. Un año antes, se inscribió en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales pero no le gustó la carrera y se cambió a la Facultad de Contaduría y Administración en la UAEM.
 Mientras estudiaba, trabajó durante un año en la fábrica “Grupo Industrial Interamericano”. Su padre compró la tienda de telas del señor Alfredo Karam Karam llamada “La Gran Barata” donde vendían telas y mercería, la que se encontraba en la calle Guerrero 217 casi esquina con Degollado.
Un día en que se fue a México a pagar seis mil pesos a una fábrica de telas y a comprar más material, al entrar al metro sintió un pequeño empujón sin importancia y al querer pagar lo que debía, se dio cuenta que lo habían bolseado. Don Moisés Levy, el dueño, le dijo que se llevara la mercancía y que ya le iría pagando. Memo la liquidó lo más pronto que pudo.
En 1979 conoció a María Magdalena Hernández Ávila, quien era Agente del Ministerio Público en Morelos y al llevar un asunto legal de uno de sus amigos, se gustaron y comenzaron a salir. Meses más tarde contrajeron matrimonio. Procrearon cuatro hijos: Magda Evelin, Guillermo Israel, Carlos Eduardo y Gabriela Shaddai de Guadalupe.
En 1984 le pidió a su esposa que fuera a recoger a su hija, pero Magdalena tenía prisa para ir a México y se le olvidó recoger a la niña. Ya de regreso la mujer se accidentó delante de la curva La Pera y casi perdió el conocimiento. Comenzó a pedir ayuda para que encontraran a la niña que venía en el asiento trasero, pues escuchó que había muerto. La policía de Caminos le dijo que la parte de atrás venía vacía y que su hija no estaba en ningún lado. Entonces recordó que no la había recogido en Cuernavaca y se echó a llorar de alegría.  
Magda es comerciante y tiene una tienda de vestidos de novia y de quince años, su hijo Guillermo está en la tienda, Carlos es Licenciado en Derecho y trabaja en su despacho de abogados y Gabriela atiende su propio negocio de vestidos de ceremonia en el Pasaje Tajonar.
En 1992, a la muerte de su padre, Memo se hizo cargo de los negocios familiares. Recuerda que su mamá siempre fue un importante apoyo para que siguiera adelante en los estudios y para que desarrollara bien su trabajo. Ella le dio los fundamentos de su vida futura: la ética y la puntualidad en su proceder. “Mi madre decía que quien es puntual en sus citas, lo es también en sus pagos, en sus relaciones con la familia y con la sociedad, pues la puntualidad obliga a la gente a ser respetuosa del tiempo de los demás y honesta consigo mismo.
El profesor Bartolo era el director de la escuela Gloria Almada de Bejarano y un día llegó al taller para que le hiciera doce uniformes y se los fiara por unos días.  Guillermo se los entregó, recibió el pago y consiguió hacer todos los uniformes de la escuela. Memo agrandó el taller, surtió los uniformes e hizo varios pedidos de escuelas de los alrededores. “Así no tendremos que ir a la Ciudad de México por ellos”, le dijeron. Guillermo Pérez Quinto visitó a los maestros y padres de familia, ofreciendo un mejor precio y la mejor calidad, comenzando a venderlos a muchas escuelas de Cuernavaca. Después recibió un gran pedido de uniformes para el gobierno del Estado y para la IEBEM, pero se tardaron más de seis meses en pagarle. Desde entonces sólo les trabajaba a clientes particulares.
Diversificó sus ventas a otros sectores, los que le comenzaron a pedir uniformes para el personal de servicios de limpieza y luego para los obreros de las fábricas, para hospitales, restaurantes y negocios establecidos.
Nos cuenta que la empresa “NEC de México”, se encargaba de los comedores de la mayoría de las industrias de CIVAC, le hizo una gran cantidad de pedidos lo que lo tuvo ocupado casi todo el tiempo.
Regularmente tiene sus desayunos con sus excompañeros de la UAEM. Entre ellos: Armando Vences, Alva Rossi, Alfredo Trujillo, Marcelo Beltrán y varios más.
Fue consejero de la Cámara de Comercio de Cuernavaca, y luego Vicepresidente cuando se hizo la remodelación de la CANACO. En ese entonces se adquirieron dos camionetas, logró tener muy buenas relaciones con las autoridades y con los comerciantes en general. Tiene amables recuerdos de aquellos años dentro de la Cámara.
Hoy en día los que se encargan del negocio son sus hijos y su esposa, mientras que él está pendiente de hacer las compras, la contabilidad y la administración.
El licenciado en Administración, don Guillermo Pérez Quinto es una persona honesta, un  feliz padre de familia, un magnífico empresario, entregado cuernavacense, amigo incondicional y un ciudadano digno del mayor respeto.

Por: Rafael Benabib /  [email protected]

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