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Ingeniero Civil, calculista, constructor de casas estilo Cuernavaca en varios lugares de la ciudad, hombre recto y recatado, entregado padre de familia y gran amigo, fue el Ing. Carlos Benítez Pedroza, quien estudió en la Ciudad de México hasta terminar su carrera de Ingeniería Química en la UNAM y ahí mismo cursó la licenciatura de Ingeniería Civil.

Nació en el Distrito Federal el 5 de septiembre de 1924. Sus padres fueron, Carlos Benítez Apodaca, quien era Ingeniero Civil y la señora Rebeca Pedraza.

Se fue a Ciudad Mante, Tamaulipas, trabajando como chofer de un autobús foráneo de pasajeros que poseía su abuelo. Su hija Gabriela nos cuenta que su papá quedó huérfano a los tres años de edad y desde entonces se fue a vivir con su abuelito, quien era militar en activo. A los 8 años de edad ya sabía manejar y en una ocasión en que salió con el auto de su abuelo, lo paró un policía de la policía federal y se lo quiso llevar. Carlitos se enojó con el policía, diciéndole que su abuelo era el ingeniero Benítez, por lo que el policía lo dejó ir de inmediato.

En aquel tiempo los militares, vivían en campamentos y uno de ellos era el de ingenieros. El abuelo se llevó a Carlos a uno de ellos. Luego lo mandaron a Ciudad Mante a dirigir la línea de autobuses foráneos: El Mante- Jicotencatl. En 1947 conoció a Cristina Fuentes, Benítez de Benítez, a quien se le llamaba: “La Kiti Fuentes”. Ese año contrajeron nupcias y en 1949 llegaron a vivir a Cuernavaca. Tuvieron tres hijos: Carlos, Gabriela y Alejandro. Su abuelo lo invitó a trabajar en su despacho, donde comenzó a hacer algunos trabajos y a practicar lo concerniente a su carrera.

Su casa en Cuernavaca se encontraba frente a la del Ingeniero Roberto del Río, padre, quien era su maestro y protector. Luego se hizo amigo de su hijo Bob del Río, de quien se volvió socio participando en varias construcciones. 

Una de las grandes ventajas de ambos era que dominaban el idioma inglés, lo que les daba la ventaja de relacionarse con la colonia norteamericana, la que en aquel tiempo era muy numerosa, pues fue la época de oro del turismo en Cuernavaca, cuando habían retirados y jubilados por el gobierno de Estados Unidos y el turismo estaba en todo su apogeo. 

Entre sus clientes de la colonia norteamericana estaba la familia Scalciti, Phil Chancellor y varios más, que llegaban por la temporada de invierno o a vivir en definitiva, junto con la gente de la Ciudad de México, a los que les hacía sus casas para los fines de semana y para las vacaciones.

Su especialidad eran las casas estilo Cuernavaca, con grandes terrazas adecuadas para el clima dela ciudad, con algún toque colonial mexicano, equilibradas columnas frente a hermosos jardines y de vez en cuando alguna chimenea para el corto tiempo de frio o las fuertes tormentas que se presentaban sólo de noche durante la temporada de lluvia.

En aquel entonces pusieron de moda el cubrir las fachadas de las casas con Mosaicos Venecianos de la fábrica del General Elpidio Perdomo. Dos de esas construcciones aún se encuentran en la avenida Morelos. Una esquina con Morrow y otra con la calle Degollado.

Era un empedernido fumador y él sabía el daño que le producía ese vicio, por lo que le pidió a su familia que lo ayudaran para dejar de fumar. Por más cuidado que recibía de la familia y de su médico, don Carlos se escondía en sus propias obras para seguir con el cigarro. Un día vio que su hijo Charlie fumaba delante de sus nietos y lo regañó: “Papá, tú también estás fumando frente a los niños y yo ya soy mayor”, lo retó. “Yo maleduqué a mis hijos y de ahí debes aprender, porque ahora cuidar de los tuyos es tu obligación”, replicó el padre. 

Construyó la casa de los dueños de la cerería y fábrica de cerámica: Miel Carlota, fundado en 1985 en la colonia Amatitlán, calle Querétaro No. 9 con entrada sobre la avenida Cuauhtémoc. La fábrica tenía 45 trabajadores y fue una de las empresas de mayor importancia en su ramo.

Era una persona que gozaba cada minuto de su día. Su esposa Kity se burlaba de él, diciendo que no se decidía o casarse con ella o comprarse una moto, pero tenía que ser en ese mismo momento en que estaba gozando ambas actividades. No le gustaba socializar ni salir en las páginas de los diarios, pero tenía muy buenos amigos, entre ellos al arquitecto Felipe Jardel.

El ingeniero Benítez y el ingeniero José Parada eran una pareja de lo más conocida en la construcción de casas y edificios; uno en la colonia Palmira y el otro en la colonia Reforma. Don Carlos construyó de los primeros conjuntos en Palmira 2500 que se llama: Privada Bel Senda. 

Lo que identificaba su trabajo era la buena calidad usada en sus construcciones, cuyo estilo nos remonta a las grandes haciendas de finales del siglo XIX, con mullidos sofás y sillones de ratán que vestían las amplias terrazas. Al grado que uno de sus clientes: Fred N. Zedar, insistió en que le construyera su residencia en Dallas, Texas, adonde fue junto con su personal, materiales y sus planos para edificar la obra que dicho señor deseaba. El señor Zedar era uno de los más importantes socios de la compañía de autos Chrysler en los Estados Unidos. 

El ingeniero Benítez era una persona profundamente comprometida con sus relaciones, promesas y atenciones, de tal manera, que a la muerte de Madeleine, la esposa del Arquitecto Felipe Jardel y del nacimiento de su hija Gabriela, el ingeniero se quería partir en dos para estar en ambos acontecimientos, cosa que consiguió hacer ese mismo día.

Magnifico ser humano, ha dejado a Cuernavaca un legado de honestidad y trabajo.

Semblanzas de Morelos
Rafael Benabib
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