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Licenciado en Administración de Empresas del ITAM, rocanrolero de corazón, quien tocaba la guitarra eléctrica con el grupo de rock formado por él mismo. Juan Antonio Carrum Galindo estuvo trabajando es su especialidad en varias empresas y su más importante actividad ha sido las Artes Plásticas. Nació en la Ciudad de México el 20 de febrero de 1946, sus padres fueron, don Miguel Carrum, llegado de Medio Oriente y la señora Estela Galindo nacida en el Distrito Federal.
Cursó todos sus estudios en la Ciudad de México y se recibió como Licenciado en Administración de Empresas en el Instituto Tecnológico de la Ciudad de México (ITAM) en 1969. En 1970 comenzó a tocar la guitarra eléctrica en un grupo de rock. Mientras era rocanrolero, durante el día trabajó en varias empresas como: La Fujifoto, La compañía Crema Nivea, la Honeywell, donde fabricaba computadoras y ahora se especializan en sistemas de calefacción. Se fue a San Luis Potosí a trabajar durante 7 años como Administrador de la Arrendadora Financiera y de varias compañías que la conformaban.
De regreso a la Ciudad de México retomó su antigua afición musical con ritmos y melodías de los años 60 y formó su propio grupo de Rock’roll. Nos cuenta que llegaron a tocar a la Habana, Cuba, en el club nocturno: “La Zorra y el Cuervo” y en el “Jazz Café”, invitados por el gobierno de la Isla, cuando su amigo, el compositor y cantante José Antonio Méndez, era un importante miembro del Consejo Musical de la Isla de Cuba.
En el Distrito Federal fueron presentados en televisión en el programa de Ricardo Rocha de las 12 de la noche, quien les hizo una larga entrevista y los invitó a presentar una de sus creaciones musicales. Tocaron en un reclusorio, en el Sindicato de Trabajadores de la música y lo más impresionante fue cuando el Departamento de Cultura del Distrito Federal los invitó a una de sus representaciones musicales. Llegaron a dar un concierto en el zócalo de la capital y menciona que quedó profundamente conmovido por el lugar donde estaban tocando. “A la mitad de mi Patria, donde sentí que todo el País nos estaba escuchando, ya que estábamos en el corazón mismo de México”. Juan Antonio se casó y tuvo cuatro hijos: Omar, Gribran, Taynia y Jamel.
 Le atrajo la pintura y empezó a dibujar, a pintar y a esculpir en 1998 en forma  autodidacta, comenzando a interesarse en temas del arte egipcio usando el seudónimo de Ramurakj, que es el anagrama de su propio nombre. Se puso a estudiar la historia del antiguo Egipto e investigar por su cuenta la trayectoria de sus antepasados.
Juan Antonio nos cuenta que hace varios años una señora que había quedado viuda, ante el féretro de su esposo juró que siempre tendría las cenizas a su lado. Se fue con un joyero y le mandó a hacer un anillo, cuya piedra contuviera los restos de su esposo. Después de un corto tiempo, la señora regresó con el joyero y éste le entregó un hermoso anillo con un diamante, el que estaba hecho con las cenizas de su difunto esposo.  
Inspirado, comenzó a pintar al óleo con las cenizas de sus padres para plasmar su recuerdo y tenerlos frente a sí. Nos cuenta que al pintar con sus cenizas el lienzo, les dijo “este es un recuerdo que les dejo para que siempre estén juntos en amor y ya no haya discusiones entre los dos”. Pensó que podía hacer lo mismo para los deudos de una señora muy querida recién fallecida. La familia la aceptó y él pintó un hermoso bosque lleno de árboles frondosos, como los que ella tanto apreciaba.
Se convenció que mediante diversas técnicas podía seguir pintando, usando simbolismos que la familia recordara de cuando estaba en vida, como una pintura de un mar embravecido si el familiar fallecido fuese una persona de carácter fuerte y firme; un hermoso bouquet de flores si se tratara de una dama de gustos refinados, con las cenizas de los familiares a quienes se les quiere tener cerca y  recordar para toda la vida. Desde hace algún tiempo, tuvo el éxito inesperado que ahora se está convirtiendo en su fuente principal de sustento.
Tiene muestras de su trabajo en algunas funerarias, en especial en la Hispano Mexicana de la calle Morelos sur, donde se le puede contactar, así como en la Casa Hogar Olga Tamayo, lugar en el que es muy querido por sus continuas visitas de trabajo voluntario.
Llegó a Cuernavaca en el año 1995 y al preguntarle de donde era, su hijita Yamel intervino diciendo que había nacido en el Distrito Federal. Él aclaró que ahí fue donde nació, pero que su verdadero hogar era Cuernavaca.
Se ha especializado en pintar sobre la historia del antiguo Egipto, de la el que, gracias a sus investigaciones se ha podido compenetrar  en la vida de los ancestros de su padre y sobre ese tema, pintar acerca de la vida de los faraones, las Pirámides y el esplendor de una de las civilizaciones más importantes en la historia del mundo. Ha tenido varias exposiciones colectivas y donde ha expuesto sus pinturas en diversas galerías de la Ciudad de México.
En Cuernavaca presentó su más reciente obra pictórica gracias a la colaboración del Instituto de Cultura del Estado de Morelos. Varias de estas pinturas contienen los simbolismos del antiguo Egipto, como sus jeroglíficos y estelas, pero sobresalen las pinturas de los faraones y de sus tumbas.
Hombre polifacético, creador de un tipo de pintura, que para las opiniones de algunos es bastante lúgubre, mientras que para otros se vuelve sentimental, pero a nadie le es indiferente. Investigador de una cultura ancestral como lo es la egipcia, la que ha volcado en sus lienzos como un reconocimiento a su propio pasado generacional, el pintor Juan Antonio Carrum Galindo sigue aprendiendo e investigando dentro de las artes plásticas, así como aportando una de las nuevas técnicas sobresalientes dentro de la pintura mexicana.