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Nació en La Piedad, Michoacán el veinte de enero de 1934. Cursó sus estudios en el Distrito Federal. Estuvo internado en el Colegio San José Insurgentes y se pasaba el resto del día conociendo la ciudad a través de los tranvías que atravesaban todo México. Trabajó de mozo y durante cuatro años laboró en la tienda de abarrotes de sus hermanos, al sur del D.F.
Cuenta que su padre siempre le recordaba de la historia del General Lázaro Cárdenas del Río, a quien todos respetaban por su magnífica e interesante trayectoria. Dice que él se conoce su vida y sus aciertos en beneficio de México y por eso siempre lo ha admirado.
Cuando tenía 19 años, se fue de ilegal a Los Ángeles, California, a laborar de carpintero, vendedor de radios y consolas, de ropa y de autos usados, según se presentara la ocasión. De regreso a México abrieron otra tienda de abarrotes y Rafael la hacía de pintor, carpintero o mandadero y de lo que se necesitara.
Se casó con María Guadalupe Velázquez Gómez y tuvieron cinco hijos que se llaman: Adriana, Rafael, Ismael, Alejandra y Carlos. Su hijo Rafael jugaba en la liga Maya de beisbol infantil. Siempre se acuerda que incursionó en la política respaldando al general Miguel Enríquez Guzmán y cuando fue con sus compañeros al PRI apoyando su campaña, los sacaron a macanazos porque el partido ya tenía a su candidato oficial: don Adolfo Ruíz Cortines “quien fue un gran presidente”. Conoció a don Ernesto Peralta Uruchurtu, como el mejor regente del D. F.
Llegó a Cuernavaca en 1973 con su esposa y sus hijos Adriana, Rafael e Ismael. Al llegar se colocó como vendedor de terrenos en Rancho Tetela y ese mismo año consiguió que la señora Pozos le traspasara una tienda de ropa en la Plazuela del Zacate. Fue el primer negocio que abrió en Cuernavaca llamado “Tlaloc”. Compró mercancía a plazos y amplió la tienda con productos de la mejor calidad, al grado que su más fuerte competidor era la Zapatería Beltrán.
Le encanta la música. Desde 1976 escribe canciones y corridos. El grupo Los Huracanes del Norte, le grabaron varias de sus melodías que aún se tocan. Durante tres años fue corresponsal de una revista que comentaba las actividades musicales en Guadalajara. Él se encargaba de entrevistar a infinidad de músicos de la entidad.
En su juventud le gustaba practicar el boxeo en el gimnasio. Un entrenador lo vio y le consiguió una pelea que Rafael ganó, luego se lo llevó a California EE UU donde le arregló otras peleas, pero Rafael prefirió regresar a México y seguir trabajando en el comercio.
Poco después abrió otra tienda llamada Marvel en el edificio Benedicto Ruíz, luego un negocio de discos “Discorama” en la calle Hidalgo esquina Galeana, donde ahora se encuentra “la Farmacia del ahorro””. De ahí el señor Ernesto Ocampo, le traspasó un local en la calle Galeana, donde ahora se encuentra “Dominos Pizza” el que dejó cerrado por un tiempo, hasta que consiguió el dinero para surtirla de mercancía, pero al morir el propietario del local y magnifico joyero, don Miguel Martínez Salazar, dejó el local para abrir otras dos tiendas más en la colonia Tres de Mayo. Una era zapatería y la otra de artesanías, donde le ayudaban sus hijos, hasta que finalmente se las vendió a su hijo Carlos.
De ahí se cambió a la calle Rayón casi esquina con Galeana. En 1992 abrió un negocio en la calle Motolinía, esquina con el bulevar Juárez, justo enfrente de la glorieta donde está la escultura del Presidente don Benito Juárez. A dicho negocio también le puso el nombre de Tlaloc, el que ha adquirido un gran prestigio a base de ofrecer buena atención y productos de calidad. Tiempo después, don Rafael les vendió el negocio a su yerno y a su hija Alejandra.
En el año de 1984, los integrantes de la mesa directiva del colegio donde iban sus hijos, lo invitaron a organizar una escuela de beisbol infantil que se llamó: La Escuela Morelos de beisbol infantil, A.C. y empezó a buscar lugares. Formó cuatro equipos de beisbol infantil. Uno de ellos estaba a un costado del campo de beisbol “La leona”; ahí se jugó por algún tiempo, pero ese lo mandó quitar el doctor Lauro Ortega; el otro se lo prestó el gerente de los Laboratorios Le Pettit en CIVAC. A un lado de la fábrica. Anteriormente ahí había un campo de futbol, donde él lo fue adaptando hasta que quedó listo para la liga de beisbol infantil.
En la secretaría del deporte, le dejaron que usara el estacionamiento del Deportivo Centenario. El Ing. Verdusco de la SARH le prestó el trascabo, hasta dejarlo listo para los juegos de los equipos infantiles. Los papás pidieron que ese lado del campo llevara su nombre, pero don Rafael se negó y siguió siendo parte del Deportivo Centenario, donde los niños pudieron libremente jugar. El Centenario, ahora, es el único campo de futbol de toda Cuernavaca. Trazó el campo de beisbol en Xochitepec y llegó a tener 140 niños en diferentes ligas. Dice que esa fue la etapa más bonita de su vida, al poder ofrecerle a la niñez un deporte completo, que los aleja del ocio y de un ambiente hostil propio de la edad.
Después de trabajar esas tiendas, según él, se “retiró” en 2005 y se fue con su esposa Lupita a vivir a Acapulco. Hacía unos años que había comprado una propiedad y en ese mismo terreno construyó su casa, luego encontró un local en el centro y abrió una tienda de ropa donde vendía artículos para dama de lino y de manta. Dos cuadras más al centro de la ciudad, abrió otro local con el mismo tipo de mercancía, las que aún sigue vigilando, los negocios continúan funcionando bajo su supervisión, pues no deja de ir a Acapulco a seguirlas trabajando, dando empleo a sus siete colaboradores. “Eso es lo que me queda para vivir”, explica.
Exitoso empresario, iniciador de uno de los más prestigiados negocios de Cuernavaca, magnífico esposo y padre, sigue siendo don Rafael Martínez Gutiérrez, quien vive en esta ciudad desde hace 33 años. A sus 81 le está ganando la lucha frontal a su enfermedad de las coronarias.

Semblanzas de morelos
Rafael Benabib
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