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Médico Cirujano, uno de los iniciadores del Hospital General: José G Parres, maestro universitario, le gusta tener reuniones con diferente grupos de amigos y es un orgulloso padre de su hija Ana Fernanda él es Arturo Alfonso Villavicencio Rivero, quien nació en Cuernavaca en el Sanatorio Guadalupe del reconocido doctor Lupián en la Avenida Morelos frente a la Escuela Pestalozzi, al costado del parque de San Juan, el dos de julio de 1960.

Estudió en el Resurgimiento, en la primaria Benito Juárez, la secundaria en el Instituto Morelenses de Estudios Superiores (IMES). La preparatoria en la UAEM. Y en 1982 se tituló como Médico Cirujano en la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos.

Su papá se llamaba Alfonso Villavicencio Carleón y su mamá doña María Antonieta Rivero Bolaños, entregada a los haberes del hogar. La señora Rivero es hermana del famoso arquitecto Marcelino (Chelino) Rivero.

Nos cuenta que él tiene sus propias inclinaciones políticas pero nunca le ha gustado intervenir dentro de burocracia. Está al tanto de lo que acontece en nuestro País y comenta que una cosa es no querer entrar al carro de la corrupción y otra dejar de ser un ente político, profundamente interesado de lo que ocurre a su alrededor y las carencias por las que México está pasando. Por eso es que le gusta estar al servicio de la comunidad por medio de la medicina, dentro de su trabajo en el Hospital, en su consultorio y en sus servicios médicos de dentro y fuera de Morelos.

Se fue a trabajar a Tuxtla Gutiérrez, Chiapas y a Villahermosa, Tabasco, dentro de la Secretaría de Salud, para especializarse en Cirugía General.

De regreso a Cuernavaca empezó a trabajar junto al doctor José Luis Magdaleno en la apertura y organización del Hospital General de Cuernavaca, José G Parres. Fue Jefe de Cirugía durante dos ocasiones y actualmente es Medico de Base.

Siempre le atrajo la docencia y comenzó impartiendo la clase de Introducción a la Cirugía en la Facultad de Medicina de la UAEM, donde ha estado trabajando durante doce años.

En 1971, entre su abuelita y su mamá abrieron una cafetería a un costado de la preparatoria del Estado, llamada “Cafetería Carla”. Alfonso les ayudaba desde temprana edad haciendo mandados y a veces atendiendo a los profesores y a los estudiantes.

A los 17 años entró a la Universidad y durante las vacaciones se quedaba al frente de la cafetería acompañando a su abuela y a su mamá.

Le encantaba jugar futbol con sus compañeros de preparatoria y se acuerda de haber jugado con el equipo de “Los Licenciados”, con los hermanos García Rubí, Jesús Gómez Fierro, Luis Castillo Pombo y otros integrantes de la Facultad de Derecho. Continua haciendo acondicionamiento Físico con aparatos que tiene en su propio domicilio.

Desde que se recibió de médico en 1982, abrió su consultorio privado donde ha estado durante 13 años en la calle Gómez Azcarate, frente al Hospital General. Y actualmente da consulta en la Torre Médica San Diego, junto con su socio el médico Neurocirujano, Raúl Hernández Sandoval. También acostumbra a coordinarse en asuntos médicos con el Médico Cirujano, Víctor Manuel Martínez Jardón.

Nos platica que su hija, Ana Fernanda, quien tiene 28 años de edad, lleva una relación envidiable. Ella cuenta con una licenciatura sobre Estudios de Administración Internacional de Empresas Turísticas de la Universidad del Valle de México (UVM); es una joven con ideas avanzadas, soltera, quien trabaja en una importante empresa en el Estado de Morelos.

El doctor Villavicencio y su socio el doctor Raúl Hernández, salen a operar a varias ciudades fuera del Estado, en especial a Mérida, Yucatán, donde son llamados por recomendaciones de pacientes anteriormente atendidos en un hospital particular de Cuernavaca, de cómo un paciente que llegó al hospital con un problema serio de salud al hospital y salió complacido de la acertada operación de que fue objeto. Se corrió la voz y ahora son llamados para operar en el Hospital General de Mérida. “Creo que como médicos, somos más conocidos en Mérida que en Cuernavaca”, arguye bromeando.

Alfonso y Raúl gozan de un gran prestigio en Cuernavaca, quienes como médicos se relacionan más como amigos de sus pacientes que como clientes o enfermos, pues ellos no son comerciantes ni los pacientes son enfermos, sino que tienen alguna molestia pasajera.

En una ocasión la señora Vanesa Perbellini lo visitó contándole que tenía un poco de molestia abdominal y quería que le hiciera una valoración. El doctor Alfonso encontró un cuadro de apendicitis aguda por lo que tuvo que operar de urgencia. Al día siguiente su hija Ana le llamó extrañada, para preguntarle que si había operado a la señora Perbellini. “Gracias”, le dijo su hija Anita. “Ni ella sabía que tú eres mi papá, ni tú tampoco el que ella es mi jefa en el trabajo”. “La señora te está muy agradecida”. Ambos rieron de la coincidencia y la señora Perbellini ha seguido siendo su paciente.

El doctor Arturo Alfonso Villavicencio lleva 26 años de trabajar en el Hospital General de Cuernavaca: José G. Parres. Haciendo una labor tan completa, que muchos de los pacientes y del personal creen que él es el Director General del nosocomio.

Frecuentemente se reúnen con un grupo de parejas con cualquier pretexto: Un cumpleaños de alguien, una fecha nacional o un platillo especial de alguna de las amigas, pero la reunión no se la pierde ninguno. Estas se hacen 2 o 3 veces al mes y se juntan de cinco a seis parejas, en comidas que se alargan hasta entrada la noche.

Le gusta jugar dominó junto a sus amigos: Cesar Torre Añorve, Juanito Antuniano, el señor Bernard y otros que llegan a retar. “El chiste del dominó es tener buena memoria. Acertado Médico Cirujano, gran compañero y amigo, respetable profesor universitario, gran morelense y reconocido profesionista, es el Doctor Alfonso Villavicencio.