Nació en Cuernavaca el 25 de octubre de 1958, en la segunda calle de Las Casas, cuyo propietario era el doctor Saturnino Caballero Díaz. Tiempo después, se cambiaron a la colonia Amatitlán, donde vivió durante ocho años junto a la casa de la familia Tajonar, quienes dentro de su propiedad tenían caballerizas y más adelante estaba la fábrica de refrescos Pato Pascual del señor Rafael Jiménez.

Su padre, David Olivares Castañeda era periodista en La Prensa de la Ciudad de México y cuando llegaron a Cuernavaca fue reportero y escribía en “El Avance de Morelos” y fundador del semanario “El Caudillo del Sur” que hizo historia en Morelos. Su mamá María Eugenia Vázquez Ríos se encargaba de las labores del hogar.

La señora Margarita Castañeda, su abuela, era propietaria de los terrenos donde se encuentra El Palacio de Justicia, hasta la calle Humboldt y de Salazar a Las Casas. Doña Margarita le donó una propiedad al padre Armando Vargas Caraza para fundar el Colegio Cristóbal Colón, donde David estudió hasta sexto de primaria. Cuenta que con tal motivo, el Padre Armando nunca le cobró la colegiatura. La secundaria la cursó en la escuela federal No. 1, Froylán Parroquín en la colonia Miraval y la preparatoria en la No. 1 y en la Facultad de Contaduría y Administración de la UAEM se recibió de Licenciado en Administración de Empresas.

 Conoció a María de Jesús Cortés Vera en la secundaria, y ahora es licenciada en Administración Pública. Desde muy joven trabajó en la Secretaría General del Gobierno de Morelos y está a punto de jubilarse, después de haber trabajado en gobierno durante 32 años. Contrajeron matrimonio en 1985 en la Ex Hacienda de Cortés de Cuernavaca.

Procrearon dos hijas: Paulina, quien cuenta con una Maestría en Nutrición y trabaja en una empresa francesa en la Ciudad de México y Valeria es licenciada en Sicología y se dedica al reclutamiento y selección de personal en diversas empresas.

David fue el quinto de los siete hermanos: Lourdes, María Eugenia, María Magdalena, Alejandra el mismo David, Mirella y Gerardo.

Su primer trabajo fue en el Superama La Selva de empacador de las compras de los clientes (cerillo). En 1990 abrió una empresa de telefonía junto con sus hermanos llamada DALGER, S.A. Se encargaban de vender toda clase de aparatos electrónicos y fueron de los primeros que introdujeron a Morelos los recién llegados celulares que parecían ladrillos.

En 1994 comenzó a trabajar con la familia Vidal en la avenida Galeana en un molino y varias tortillerías. Ellos introdujeron a Cuernavaca la primera máquina para hacer tortillas. Poco después, David abrió su propio negocio de tortillería. Hubo una licitación por parte del gobierno para proveer de tortillas al penal de Atlacholoaya, misma que él ganó.

Acordó llevar maquinaria dentro del penal para que los propios internos aprendieran el oficio y además recibieran un sueldo que podía ayudar a su familia en el exterior, en lugar de estar recibiendo dinero del exterior y así ayudar al Cereso a continuar siendo un Centro de Reinserción Social. Tiene trabajando dentro de la tortillería a nueve internos y anteriormente les entregaba el sueldo a la administración del penal, pero se llegó al trato de que el sueldo se les diera en forma directa a los trabajadores. Toda la tortilla que ahí se elabora es para el consumo interno del penal.

David tiene un socio quien es hermano de su esposa y entre los dos trabajan la empresa. Nos cuenta que la materia prima es cien por ciento natural, como el maíz en grano que se utiliza es de la mejor calidad y sin harina. Este maíz lo compra en Sinaloa de mayo a febrero pues lo riegan por aspersión o por goteo y de febrero a mayo lo adquieren en Guerrero y en el Bajío por ser época de lluvias. Asegura que el estado de Sinaloa es el granero de México.

Explica que el proceso de nixtamalización comienza con la cal hervida con agua a una temperatura de 90c lo cual hace que el grano de maíz se abra y así penetre. Se calcula que el proceso de cocimiento dure tres horas, se le quita el exceso de cal para que el maíz salga blanco; se deja escurrir y se pasa al molino para convertirlo en masa y de ahí a la máquina tortilladora.

Llegan los camiones de treinta toneladas a la entrada del penal de ahí al molino. Explica el tipo y materiales de que está hecho el molino, el que debe ser de piedra volcánica y el rayado de la piedra es lo más importante, la cual hace surcos sobre otra piedra fija y entre ellas se muele el maíz adecuadamente.

Nos cuenta de cuando jugaba futbol en los terrenos al costado de las pirámides de Teopanzolco con las familias González, Coronado, Vázquez Deguer y otros amigos, cuando casi todos los domingos se ponían a jugar futbol los papás contra los hijos o en equipos mixtos. “Fue una época que nunca olvidaré” rememora.

A los 6 años su papá lo llevaba al periódico a ver los linotipos y como se formaban las páginas en planchas de plomo y se colocaban las letras en un bloque, las cuales una vez usadas se volvían a derretir para que sirvieran de nuevo. También le gustaba ir a La Fotografía Aréchiga al cuarto oscuro, hundir los negativos en el iposulfito y demás charolas del proceso de revelado.

“En una ocasión, tratando de ayudar a mi padre le llevé unos negativos que saqué de su cámara sin saber que los había develado. Estuve castigado durante todo el mes sin poder ir al periódico o a la fotografía”, nos dice riendo.

Les gustaba ir a nadar al borbollón de Tehuixtla, “el más importante y hermoso con su puente colgante el que sacudíamos entre todos para ver quien se caía primero al agua”. También los llevaba a Atotonilco a las aguas termales, “el cual no ha cambiado para nada en estos cuarenta años pasados”, exclama con agrado.

Hombre trabajador, David Olivares Vázquez sigue encargado del molino y la producción de tortillas del penal. Es un gran padre de familia y un cuernavacense de verdad.

Semblanzas de Morelos
Rafael Benabib
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