Reconocido dermatólogo, entregado padre de familia y gran amigo fue el doctor Assad Atala Freyat, quien nació en la Ciudad de Jojutla, el 20 de febrero de 1935.

Sus padres: Don Emilio Atala y doña Martha Freyat de Siria y de Jerusalén respectivamente; tuvieron cinco hijos: Assad, Beatriz, Francisca, Maruca y Emilio.

Todos nacidos en Morelos.

El doctor Assad Atala dice que su orgullo es ser morelense y en especial “Vivir en esta bendita Cuernavaca que mi amigo Jesús me dio”.

 Contrajo nupcias con la joven más bonita y acechada de la sociedad cuernavacense, Carmen Rodríguez, quienes siempre estuvieron enamorados el uno del otro.

 Hijos de prestigiadas familias de Jojutla y de Cuernavaca, donde aún vive el resto de la familia Atala Rodríguez.

Assad y Carmelita procrearon cuatro hijos: Assad, Alejandra, Suad y Lourdes y tuvieron siete nietos: María Cristina, Andrés, Assad, Iker, Daniel, Alonso e Iñaki, los que eran la felicidad de la pareja Atala Rodríguez.

 Su hijo Assad es Médico General, Alejandra es una magnífica y prolifera escritora, Suad tiene su clínica de Tratamiento de Estética Facial y Lourdes tiene una importante Agencia de Seguros de la ciudad y representa a varias compañías de Seguros del País.

Las relaciones de Assad con sus padres fueron magníficas.

 Don Emilio, falleció en 1949 y su mamá, doña Martha, se quedó como jefa de familia.

Durante sus tiempos de estudiante intervenía en prácticas de boxeo, donde decía que ahí soltaba todas las tensiones que le causaban el estudiar con maestros muy estrictos.

 Con ese  entrenamiento, Assad competía en peleas amateurs; sacaba muy buenos resultados hasta llegar a ser campeón de esa división, al grado de que los muchachos no querían enfrentarse con él y ni siquiera entrenar.

 Era muy buscado por las jóvenes de la sociedad quienes veían en él un buen partido; joven decente, valiente y protector de las maldades que los otros estudiantes acostumbraban hacerles.

Le gustaba el tenis y el boliche, su afición principal era jugar golf.

 En una ocasión un jugador tuvo un desmayo y Assad lo atendió.

 -¿Cuánto le debo doctor?, no es nada, yo soy el médico del campo de golf, inventó.

 Desde ese día Félix Pérez, el director, lo nombró médico oficial del club de golf y le regaló una membresía.

Assad cursó sus primeros estudios en Cuernavaca y se fue a la Universidad Autónoma de México a finalizar su carrera de Médico Cirujano, especializándose en la carrera de Dermatólogo al tomar un curso de posgrado en la Secretaría de Salubridad y Asistencia.

 Al poco tiempo fue invitado por el pediatra Alberto Aguilar a trabajar dentro del Instituto Mexicano del Seguro Social, a lo que Asad contestó que aceptaría con la condición de que se cambiara el sistema médico burocrático, corrupto e ineficiente que prevalecía en el nosocomio.

 Durante sus 22 años de estar en el IMSS, logró que el sistema de trabajo y atención médica alcanzara notables mejoras.

Siendo Director de Instituto Mexicano del Seguro Social, Gálves Betancour, Assad fue nombrado Médico Dermatólogo del IMSS de Cuernavaca, luego Auditor Médico Externo y después jefe de enseñanza de la misma institución.

 Prestó sus servicios al Gobierno del Estado de Morelos de 1958 a 1961; fue el dermatólogo del Departamento del Distrito Federal por parte de la Secretaría de Salubridad y Asistencia y de ahí regresó a Cuernavaca a dar consulta privada; impartió clases en la Facultad de Medicina en la UAEM.

Ha dado conferencias sobre dermatología en todo el País y catedrático en más de 9 centros de estudios superiores.

De 1969 a 1971 fue Director del Hospital del IMSS en Zacatepec y de todas las clínicas de la zona cañera.

 En Cuernavaca, también fue nombrado Director Interino de la Clínica 20 del IMSS.

 Estuvo como asesor de la Jefatura de Servicios Médicos de Tamaulipas, así como profesor de las mismas instalaciones del IMSS.

En 1983 organizó el XIII Congreso Mexicano de Dermatología en Oaxtepec, Morelos y en 1993 fundó La Sociedad Morelense de Dermatología.

Contaba que esa generación de estudiantes lo criticaban por su interés de atender a su atención al paciente como un todo.

 Si llegaba con alguna dolencia, Assad le hacía que platicara de su trabajo, de su familia, de sus amigos, para encontrar el origen de esa molestia y cuando comentaba de algo que le provocaba tensión, hablaban del asunto y la mitad de la enfermedad ya había sanado.

Sus pacientes, decían que el doctor Atala era el mejor dermatólogo de México pues cuando llegaban a mostrarles alguna parte afectada, Assad veía el problema con su equipo de lupas y su cámara fotográfica, les daba una cita para el día siguiente y el diagnóstico completo sin cobrarles la segunda visita.

Hacía su propio diagnóstico y junto con las fotos del daño, lo mandaba a los más renombrados dermatólogos del País, se internaba en los recientes escritos sobre dermatología, como uno que era la biblia para él del gran dermatólogo doctor Roberto Arena y ahí encontraba la respuesta más atinada.

 Durante ese mismo día le iban llegando las opiniones de cada uno de sus colegas, junto con el tratamiento que tenía que seguir.

Esta persona se presentaba al día siguiente y el doctor Atala ya le tenía los medicamentos y las respuestas exactas de su malestar y con su voz de pastor religioso se dirigía al cliente y le decía: “Tu problema se llama equis y aquí tienes las medicinas que necesitas.

 Sólo que debes prometerme ser puntual con el uso de ellas y en unos días estarás como nuevo”.

Las medicinas que Assad le recetaba podían o no aliviar su mal, pero el tratamiento de amor y cariño con que el doctor Atala lo atendía era suficiente para entirse curado.

 “Es que siempre le pregunto a mi amigo Jesús y él me dice a quién recurrir.”, Contestaba.

Sus amigos por el mundo entero recibían los poemas que Assad diariamente escribía por el Facebook.

Acerca del amor al prójimo, de la ayuda a los demás, de la tolerancia, a pesar de su problema auditivo, el cual solucionaba con ver el lenguaje corporal y los movimientos de la cara y de los labios, pues los audífonos nunca fueron los adecuados.

Se fue a encontrar con su amigo Jesús y el 11 de enero del año  2020, Assad Atala Freyat falleció después de una prolongada enfermedad.

Hombre puntual, consciente del respeto e importancia que merece el tiempo de los demás.

Un atinado profesionista de bien fincados principios, los cuales dejaron una enorme impresión entre sus pacientes y un profundo ejemplo de rectitud en sus hijos, en sus nietos y en la comunidad cuernavacense.

Él siempre contó con la compañía de su amigo Jesús, cuyo nombre aparecía en sus poemas, ya fuesen eróticos, moralistas o chuscos, pero en cada uno de ellos se encontraba un mensaje de fraternidad, de confianza en el ser humano y la seguridad de recibir y así entregar todo su amor.

”La esperanza es hacer que la medicina sea más humanista en beneficio del paciente”.

 ¡QUE DESCANSE EN PAZ!

El doctor Assad Atala Freyat, en su consultorio frente al parque ‘Melchor Ocampo’.

Por: Rafael Benabib / rafaelbenabib@hotmail.com