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Exitoso arquitecto, quien con su hermano Chelino construyeron  y remodelaron importantes edificaciones en varias partes de la República, especialmente en Morelos. En total fueron seis hermanos, siendo Marcelino el mayor, con quien trabajó como dibujante mientras estudiaba la carrera, en el despacho de arquitectos y al terminar se hicieron socios. Entre los dos se encargaban de remodelaciones y proyectos. Siempre contrataban al ingeniero León Andrewski para que les hicieran los cálculos de sus trabajos. Chelino y Paco duraron treinta y cinco años trabajando juntos.

Francisco Javier Aranda Bolaños, nació en Cuernavaca en la calle de Arista el tres de junio de 1957. Sus padres se llamaban: Francisco Aranda López y Carlota Bolaños Olac. El señor Aranda, su padre, fue contador y trabajó durante muchos años en el gobierno del estado y su mamá tenía la cafetería y restaurante “Carla”, a un costado de la preparatoria 1 del estado.

Paco estudió desde kínder hasta que se recibió de arquitecto en la UAEM. Cuando cursaba el sexto de primaria, fue al campo Miraval a ver un partido de futbol y cuando se marcó un penalti, se fue atrás de la portería para verlo mejor. En el momento de tirar el penal, el balón, que era de puro cuero pesado, lo golpeó en la cara y Paco cayó desmayado. El partido se detuvo y al despertar se encontró con todos los jugadores a su alrededor. Paco comenzó a balbucear que él había metido el gol.

Estudió en la Facultad de Arquitectura y se recibió en 1979 en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM). El arquitecto Francisco Aranda conoció a María de la Cruz Gama Ursua. Tiene tres hijos: Paola, Paco y Lambordini a quien le llaman Lambo.

Francisco y Marcelino se repartían los trabajos, ya fuere en Cuernavaca o en diferentes partes de la República, como: Guadalajara, Guanajuato, Tamaulipas, Oaxaca, en el Distrito Federal  y en Acapulco, Guerrero. 

Se acuerda de las pláticas en el café La Parroquia en la calle Guerrero, donde ya pasados de copas, todos los amigos se cuidaban entre sí de los chilangos que llegaban a buscar bronca.

Echa de menos aquellos tiempos en que se podía salir a la calle a cualquier hora del día o de la noche, con la certeza de que Cuernavaca era una ciudad segura; el tiempo en que se gozaba de la Plaza de Armas, donde se acostumbraba que los domingos, las muchachas paseaban por dentro del parque y los jóvenes por fuera pero en sentido contrario.

La mayoría de las casas en la recién inaugurada colonia Tabachines, Reforma, Vista Hermosa y Delicias que ellos edificaron, se proyectaban estilo Colonial Mexicano. Uno de sus ebanistas consentidos fue el señor Pineda, quien con su hijo Pepe hacían casi todo el trabajo de las puertas y muchas veces de los muebles.

Construyeron para Joan Sebastian en Juliantla, Guerrero; dos casas para don Luis Marín, una en Reforma y otra en Rancho Cortés; le edificaron al ingeniero Francisco Castillo Krew, a Munir Lases, a Rafael Jiménez de la Posada Jacarandas, al doctor Mario Ulloa de la Ex hacienda de Cortés, a los gobernadores: don Lauro Ortega, el doctor Armando León Bejarano, el licenciado Antonio Rivapalacio López y la remodelación de los restaurantes: Harry’s Bar y Carlos & Charles de los Anderson, así como para el bar, G.Q. frente a la gasolinera del DIF en la calle López Mateos. También les hicieron sus casas a Pepe y Luis Castillo Pombo en la avenida Humboldt y en el fraccionamiento La Palma de Jiutepec, Morelos, respectivamente y  para mucha otras personas.

De 1970 a 1982 tuvieron un “Dojo” de Karate-Do a un costado de un negocio de materiales para construcción junto a los Patios de la Estación, donde tomaba clases con unos maestros que venían del Japón.

También practicó el futbol, el frontenis y jugaba boliche. En una ocasión, estando en la bolera en una competencia, tuvo de compañero de equipo a Alfonso Rodríguez y Celia Flores, quienes en aquel tiempo eran campeones mundiales y Paco fue envidiado por los demás bolichistas, ya que les ganaron por 250 pinos promedio. A la salida, hasta le buscaron pleito pero él se escapó burlándose. 

Su hermano Chelino, le prestó su auto convertible en color blanco Tunderville 1955 de los más atractivo y Paco invitó a una hermosa joven norteamericana, quien venía a Cuernavaca a estudiar español, a tomar un café y por la noche a cenar, quedando prendado de la gringuita. Duraron tres años de noviazgo, ella seguía viniendo a Cuernavaca y él yendo a Minneapolis E. U. con planes para casarse. Un día ya no tuvo dinero para viajar ni ella quiso venir a visitarlo. “Amor de lejos, amor de…”, dice carcajeando. Su hermano falleció en 1994 y Paco continuó trabajando en la oficina durante cinco años más, dentro del Pasaje Caballero Díaz. Después cambió su despacho a la avenida Álvaro Obregón 161 entre las calles: Salinas y Degollado.

Un cliente yucateco, el señor Ancona, le pidió que hiciera su casa, donde después fue el Registro Federal de Automóviles en la colonia Los Volcanes. Para la inauguración se hizo una gran fiesta. Los tinacos fueron llenados con ron y refresco de cola y en los grifos de cualquier sitio, en lugar de agua, salían sabrosas cubas libres. Quien quisiera más, tenía que tirarse a bucear a la alberca donde había más botellas de licor. Esta fiesta fue la comidilla de la gente de la ciudad durante algunos años. 

En la actualidad, además de seguir construyendo, trabaja en el gobierno del estado como subdirector de Infraestructura de la Dirección General de Obras Públicas.

El arquitecto Francisco Javier Aranda Bolaños, ha sido una persona inquieta y muy honesta con una trayectoria digna de reconocimiento, entregado al trabajo, a su profesión y a su familia y a la sociedad cuernavacense.

Semblanzas de Morelos
Rafael Benabib
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