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Mientras que algunos consideran que las películas de terror son aburridas, otros creen que el hecho de disfrutarlas es un acto masoquista. Sin embargo; según expertos, asustarse por diversión trae beneficios a la salud…

Ser fanático de las películas de terror tiene un motivo que muchas veces no tenemos en cuenta, sentir un nudo en la garganta, saltar de la nada, tener la piel chinita y demás, nos genera una adicción al sufrimiento que a su vez deriva en felicidad.

Francisco Claro Izaguirre, profesor de Psicobiología de la UNED, reveló que nuestro gusto por las películas de terror nos generan una enorme excitación que hace que el trance nos hipnotice; pero eso no es todo, el ver este género, nos volvemos más empáticos, reforzamos nuestra autoestima y nuestra salud.

Pero eso no es todo, el hecho de ver una película de terror nos hace sentirnos valientes, favorece la aceptación y la integración en el grupo y, por lo tanto, eleva el ego. Y además, promueve el contacto físico: constituye la excusa perfecta para darse la mano o abrazarse al otro, lo que nos reconforta y debido al aumento de dopamina que se activa en situaciones de miedo, también determinan el amor, ya que las personas con quienes vemos estas películas nos resultan más atractivas.

En la investigación que les llevó a estas conclusiones, se analizó el comportamiento de las parejas y la forma en la que buscaban el acercamiento físico: las chicas buscaban protección cuando se asustaban y aunque parezca cliché, los chicos encontraban en ese instante la ocasión idónea para rodearlas con sus brazos.

El hecho de ver películas de terror nos hace sentir también gozo, es exactamente lo mismo que pasa con las personas que practican deportes de riesgo.

Thomas J. Scheff, profesor emérito de la Universidad de California, Santa Bárbara (EE UU), explica en un artículo publicado en 2010 en la revista Psychology Today que una de las ventajas del cine de terror es que el público se identifica con las emociones de los protagonistas, siente como ellos y se involucra en su situación. Es una oportunidad muy buena para practicar la empatía, pero, al mismo tiempo y por suerte, la distancia psicológica que existe entre observadores y actores genera a los primeros una intensa sensación de alivio y bienestar, que hace que la película les resulte placentera.

Pero ojo, a pesar de que todo lo anterior se lee increíble, las películas de terror no son para todos, ésto según un estudio dirigido por el neurocientífico cognitivo Erno Hermans, de la Universidad de Nueva York (EU), ya que cuando vemos una película con episodios violentos, el cerebro se reorganiza para hacer frente a ese foco de estrés y esto hace que se revivan las experiencias desagradables del pasado, sobre todo las que no hemos procesado bien, algo que nos bloquea y merma nuestra capacidad de análisis. Por eso, a las personas que han vivido episodios traumáticos no suelen gustarles las cintas de terror.

Con información de Vanguardia.