Cuernavaca, Morelos.- Todavía en la Ciudad de México, hace dos días, recibo dos llamadas casi al hilo, ambas con voz grave. Los cronistas Valentín López G. Aranda y Jesús Zavaleta Castro me informan del fallecimiento de don Ricardo Zúñiga Vázquez, todo un referente en el Morelos en cuanto al zapatismo sureño, por herencia y por estirpe, se refiere. 
Con varias generaciones residiendo en la misma casa ubicada a sólo unos 50 metros del Cuartel General de Emiliano Zapata, en Tlaltizapán, era inevitable que su familia viviera, combatiera y conviviera al lado del líder sureño. Don Ricardo, nieto, hijo, ahijado, sobrino de zapatistas, hereda todo ese bagaje revolucionario y dedica su vida a la preservación de su memoria y a trabajar a favor de Morelos a través de la educación. 
Todavía recuerdo la entrevista que le hicimos en su señorial casona sureña hace tres años. Ese día, el fotógrafo Luis Flores y quien esto escribe llegamos temprano a su casa. “Antes de comenzar la plática –le escuchamos decir-, por favor acompáñenme a almorzar como se acostumbra en los pueblos”. Ya nos esperaba a la mesa con chalupitas, tortillas recién hechas, frijoles de olla, fruta y café.
“El día del alzamiento formal de Zapata, amigos, compadres, familiares y campesinos que se le adhirieron, supieron que tal vez su aventura sería sin regreso a casa. Pocos eran los armados, la mayoría sólo con sus ‘puntas’ o machetes zacateros, pero firmes en su convicción”, narra. 
La casa donde vivió toda su vida es muy interesante, pues con tantos ascendientes familiares zapatistas, hay en ella retratos de varios de los combatientes y de sus amigos. 
Fue presidente municipal, participante en la creación del Colegio de Arquitectos de la UAEM y autor de una basta bibliografía sobre el zapatismo, era por lo mismo, considerado una autoridad moral en la materia. 
“Como zapatista, tengo la suerte de que tanto mi madre, fallecida hace mucho tiempo, y mi padre, don Antonio Zúñiga, por ejemplo, aunque era un niño cuando el movimiento armado, su padre, en ocasiones, lo alzaba en ancas y se lo llevaba tras del General. Y al poco tiempo ya le dieron labores que realizar a beneficio de la tropa, como cuidar el ganado para que no se lo robaran los federales. 
“Todos ellos conocieron y trataron a Zapata y a su gente, crecí con todo ese conocimiento y conversaciones que escuché desde niño. Porque siempre en sus conversaciones rememoraban las aventuras que vivieron con Zapata y su gente. 
“Mi abuelo paterno, don Domingo Zúñiga, era venadero, ya lo conocía don Emiliano, así que cuando se alza en armas lo llama para que fuera parte de su escolta personal porque quería gente que conociera bien todos los caminos, senderos y atajos en el campo, que supiera usar armas y que fuera de su total confianza. Aunado a lo anterior, mi abuelo sumó a su conocimiento de la región, el de todos los campesinos que se adhirieron al movimiento zapatista y que desde ese momento formaron parte de la Revolución Agraria ó Revolución del Sur. 
“Confieso que con esa idea he tenido la suerte de recibir los datos históricos más fidedignos y veraces de todos esos personajes porque de tanto tratarlos y oír hablar de ellos desde niño, sabe uno que efectivamente sí trataron y convivieron con Emiliano Zapata Salazar. Como Zapata se sentía tan a gusto entre nosotros y también por seguridad, eligió un pueblo de Tlaltizapán, en lugar de Anenecuilco, para su alzamiento histórico de 1911”. 
El pasado 6 de febrero, sus hijos Ricardo (abogado), Eduardo (ex presidente municipal de Tlaltizapán) y Laura (estos dos últimos médicos de profesión), nietos, todo el pueblo y sus mejores amigos, le ofrecieron una espléndida comida por sus 90 años de edad. Ese día lució feliz, diciendo que su mayor felicidad era la formación de sus hijos. Quién diría que menos de un mes después, don Ricardo falleció rodeado de la estimación, el cariño y el respeto de los suyos. 
Descanse en paz el arquitecto don Ricardo Zúñiga Vázquez.

LYA GUTIÉRREZ QUINTANILLA
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