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Cuernavaca, MORELOS.- La conmemoración del 206 aniversario del inicio de la Independencia de México en el zócalo de Cuernavaca fue especial, y cómo no, después de todo lo que se dijo en horas previas, y lo que realmente sucedió, además del tradicional ¡Viva México!, ¡Viva México!, ¡Viva México!.
La especulación generó expectativa, principalmente sobre el acceso a la explanada, a la que se dijo, sólo entrarían unos cuantos y al final, entraron “los cuantos” y todos los que quisieron, chicos, medianos y grandes, en solitario, en pareja o en montón, entraron y salieron; fueron y vinieron, cual noche de grito.
Lo único que tuvieron que hacer fue aceptar sin respingar la “bascula” en los filtros de seguridad que se instalaron en diferentes puntos de la plaza, para después disfrutar del programa artístico cultural que la Secretaría de Cultura coordinó.
Con las modificaciones a la plaza, por primera vez en muchos años, el escenario se ubicó al lado contrario del edificio de gobierno y del balcón central del Salón Bicentenario, desde el cual el gobernador cumplió con la arenga independentista.
Desde las seis de la tarde, empezó la concentración principalmente en las áreas destinadas para la vendimia, sobre las calles Guerrero, No Reelección y Lerdo de Tejada; Boulevard Juárez y calle Hidalgo.
Al paso se escuchaba el clásico “¡Pásele, pásele!”, de dependientes de improvisados negocios de pozole, pambazos, buñuelos, huaraches, y garnacha y media adornada con pápalo quelite, anunciadas en cartulinas fosforescentes.
Por primera vez las calles de Gutenberg y Galeana sirvieron sólo para la logística, y los negocios establecidos lo resintieron, pero así es esto, cuando las reglas cambian.
Una hora antes de la ceremonia, el flujo humano a la explanada se intensificó, incluso con los que llegaron de fuera, en microbús hasta la esquina de Hidalgo y Galeana, para ocupar la parte frontal del palacio de gobierno reservada con vallas.
Más tarde, unos y otros, a los lados de las vallas, cantaron con el mariachi “Trigrillo de Morelos”, que en los minutos previos al grito, puso a todos nostálgicos con un popurrí de Juan Gabriel, y cómo no, si la herida de su partida sigue abierta.
El pueblo cantó “Hasta que te conocí” y, ya entrados en calor, se desgañitaron con “Mi mayor Anhelo”, del señor Julión Álvarez: “Quiero serrr, el amorrr, de tu almaaa”, en eso estaban cuando llegó la hora del “¡Viva México!”.
La tradición se cumplió, incluso con su dosis de abucheo, y después, lluvia mantuvo su tregua, para que los fuegos artificiales estallaran y lucieran en un cielo gris de septiembre, con el Huapango de Moncayo de fondo musical.
La fiesta siguió hasta la una de la mañana, con el grupo de música tropical Jambere; para entonces, ya sólo un cuarto de los asistentes al grito continuaban en la explanada, disfrutando de las últimas canciones y bajo una complaciente lluvia y la mirada de policías cansados.

Por: Antonieta Sánchez /  [email protected]