El asesinato del ciudadano estadounidense George Floyd a manos de un policía blanco, en Minneapolis, generó una conmoción social en ese país.

La escalada de protestas, que empezó por el impulso de la comunidad afroamericana, se esparció por todo el territorio nacional.

El sábado, por ejemplo, hubo marchas en varias ciudades, entre ellas Nueva York y Washington, a la vez que se sumaban las voces de repudio mientras el Gobierno de Donald Trump decretaba el toque de queda por las noches.

Entre las palabras que más fuerte sonaron se agregaron este domingo las de un mítico ex basquetbolista: Kareem Abdul-Jabbar denunció que el racismo "institucional" presente en la sociedad es "más mortal que la COVID-19", en una columna publicada en el diario Los Angeles Times.

 

 

"Tal vez la principal preocupación de la comunidad negra en este momento no sea si los manifestantes están parados a tres o seis pies de distancia o si algunas almas desesperadas roban algunas camisetas o incluso incendian una comisaría, sino si sus hijos, maridos y mujeres, hermanos y padres serán asesinados por policías solo por salir a caminar o conducir.

O si ser negro significa refugiarse en casa por el resto de sus vidas porque el virus del racismo que infecta al país es más mortal que la COVID-19. Si eres blanco, probablemente murmuraste un horrorizado 'oh, Dios mío', mientras sacudías la cabeza ante la cruel injusticia.

Si eres negro, probablemente te levantaste de un salto, maldiciendo y gritando '¡otra vez!'", reflexionó en su artículo esta gloria viviente del deporte, de 73 años.

Con veinte temporadas en la NBA -estrella de Milwaukee Bucks y Los Angeles Lakers, entre los que obtuvo seis titulos de campeón hasta su retiro en 1989-, Abdul-Jabbar es un referente universal de su deporte. Retirado en 1989, siempre mantuvo en alto su voz en defensa de su comunidad. "Esos policías de Minneapolis afirmaron que Floyd se resistía a la detención, pero el vídeo de una tienda mostró que no era así. El policía que pisaba el cuello de Floyd no era un estereotipo de un sureño enfurecido, sino un oficial que parecía tranquilo, con derecho y sin piedad: encarnaba la banalidad del mal. ¿Qué ves cuando ves a manifestantes negros enfadados que se acumulan fuera de las comisarías de policía con los puños en alto? Si eres blanco, puedes estar pensando 'no cumplen el distanciamiento'. Luego ves caras negras saqueando tiendas o una comisaría en llamas y piensas 'eso daña su causa'. No estás equivocado, pero tampoco estás en lo correcto", continuó.

Serena Williams y LeBron James fueron solo dos de las decenas de deportistas estadounidenses que se manifestaron por el asesinato de Floyd. También el futbolista americano Colin Kaepernick, famoso por haberse arrodillado con un puño en alto durante la ejecución del himno de Estados Unidos antes de los partidos, que justificó las revueltas y deseó que Floy "descanse en poder".

La grabación de un video muestra al polcía apretando el cuello de George Floyd.

En su columna, Abdul-Jabbar fue más a fondo: "La comunidad negra está acostumbrada al racismo institucional inherente a la educación, el sistema judicial y el empleo. Y a pesar de que hacemos de todo para aumentar la conciencia pública y política, apenas cambia. La COVID-19 ha agudizado las consecuencias, ya que morimos a un ritmo significativamente más alto que los blancos, somos los primeros en perder nuestros trabajos y observamos impotentes cómo los republicanos intentan evitar que votemos. Parece que se ha abierto la temporada de caza de negros. Sí, las protestas a menudo se usan como una excusa para que algunos se aprovechen. No quiero ver tiendas saqueadas ni edificios incendiados. Pero los afroamericanos han estado viviendo en un edificio en llamas durante muchos años, ahogándose con el humo a medida que las llamas ardían cada vez más cerca. El racismo en Estados Unidos es como el polvo en el aire. Parece invisible, incluso si te estás asfixiando, hasta que dejas entrar el sol. Entonces ves que está en todas partes. Mientras dejemos entrar la luz, tendremos la posibilidad de limpiarlo. Pero tenemos que estar atentos, porque siempre está en el aire", señaló, crítico.

El policía que pisaba el cuello de Floyd no era un estereotipo de un sureño enfurecido, sino un oficial que parecía tranquilo, con derecho y sin piedad: encarnaba la banalidad del malKareem Abdul-Jabbar

"Lo que deberías ver cuando ves a los manifestantes negros en la era de Trump y el coronavirus es a personas empujadas al límite, no porque quieran bares y salones de belleza, sino porque quieren vivir, respirar. Quieren silenciar nuestra voz, robarnos el aliento. Lo que quiero ver no es el camino hacia el juicio, sino una carrera hacia la justicia", cerró su artículo publicado este domingo.