Cuernavaca, MORELOS.- Tan cerca de la urbanidad y a la vez tan alejado de la preocupación mundana, Cuernavaca posee un parque dedicado a los ahuehuetes, los llamados árboles nacionales de México, que a pesar de ser tan representativos parecen luchar por conservar el espacio que les fue
otorgado.
Ubicado en la calle Francisco Villa del poblado Santa María Ahuacatitlán, entre varias construcciones, el ejemplar llamado “El gigante”, con más de medio siglo de vida, recibe a todo visitante o lugareño que ingresa en el parque.
Manuel Galicia, presidente del comité administrativo del Museo Comunitario del poblado, nos muestra un pequeño ojo de agua ubicado justo en la entrada del parque, el cual surtió a la comunidad del vital líquido desde aproximadamente el año 1100.
Es justo por la abundancia de agua, en su momento, por lo que los ahuehuetes decidieron crecer en el lugar, pues de acuerdo con don Manuel estos árboles siempre buscan espacios donde puedan alimentarse
para crecer.
Un pequeño sendero construido respetando el espacio de los árboles que en el parque habitan conduce hacia la parte baja, donde hay un juego, y finalmente llegamos a la cancha de futbol rápido “7 de Noviembre de 1929”.
A un costado, se encuentra el campo de futbol que le hace honor al parque, llamado también “Los ahuehuetes” y que ve el pasar de la gente sobre todo en fin de semana.
Es, sin duda alguna, un bello espacio arbolado, lleno de frescura, pero sobre todo de historia, pues desde hace siglos la comunidad acude cada 3 de mayo al ojo de agua para hacerle un tipo de celebración y dar gracias por la existencia de ese remanso que en otras generaciones calmó la sed de muchos pobladores y viajeros.
Todos ellos disfrutaron, y muypocos lo hacen ahora, de la frescura que proporcionan también los fresnos, ciruelos, parotas, jacarandas y otates que cohabitan con los robustos ahuehuetes de Santa María Ahuacatitlán.
son el camino hacia el monasterio
Uno de los lugares relativamente cercanos al Parque de Los Ahuehuetes es el predio de aproximadamente 10 hectáreas que a mediados del siglo pasado fungió como monasterio benedictino.
Su creador, el monje Gregorio Lemercier, creó en él la que podría ser considerada la primera capilla donde se ofició misa en español y de frente, pues don Manuel nos recuerda que antiguamente los padres lo hacían de espaldas a los fieles y en latín.
El antiguo monasterio, en manos de particulares, parece haberse detenido en el tiempo, pues los simbolismos plasmados por el monje en sus paredes y pisos se conservan prácticamente intactos.
Nos explica que en dicho lugar el monje enseñaba diversos oficios a los jóvenes de Santa María y al mismo tiempo les daba empleo.
“De hecho, cuando el monasterio cerró los hombres mantuvieron a sus familias de lo que aprendieron a hacer ahí”, expresa don Manuel.
Algunas paredes cedieron a la humedad, pero la mayoría del edificio se mantiene como si tuviera vida, al igual que los cientos de árboles a su alrededor; ahuehuetes entre ellos, por supuesto.

Los cuartos. Esta es la parte donde estaban ubicados el comedor y los lugares de descanso de los monjes, a mediados del siglo pasado.

2010 año cuando fueron realizados los andadores en el parque
9 ahuehuetes antiguos posee el lugar en Santa María
500 años, al menos, tiene el ahuehuete más longevo

"Los pobladores de Santa María le quisieron dar realce al lugar donde están estos ahuehuetes, así como vida para que los niños sepan la importancia de este lugar para Cuernavaca”. Manuel Galicia, Pdte. del Museo Comunitario de Santa María

 

Por: Angie Díaz /  [email protected]
 

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