La dirigente indígena guatemalteca Rigoberta Menchú, Premio Nobel de la Paz 1992, convocó hoy aquí a educar a los jóvenes para la paz, a defender la coherencia de las luchas sociales y a resistir sin ser complaciente con las injusticias.

“La guerra ha sido la historia humana, pero debería ser la vergüenza humana, es la historia de la codicia, de la arrogancia total de los humanos”, dijo Menchú al participar en el evento “Voy por la paz” que comenzó este viernes en la ciudad argentina de Rosario.

La líder inauguró una intensa e histórica jornada en la que también disertarán los Premios Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel (Argentina, 1980); Lech Walesa (Polonia, 1983); Oscar Arias (Costa Rica, 1987); y Shirin Ebadi (Irán, 2003).

Al refrendar su vocación pacifista, Menchú consideró que la guerra representa la prueba más extraordinaria del desequilibrio del ser humano.

“Si partiéramos de una visión positiva de lo que debemos hacer en nuestra humanidad, no se nos ocurriría hacer armas biológicas, inventar enfermedades para vender medicamentos, hacer armas y bombas”, señaló.

En la defensa de la paz y la vida, agregó, no debe haber términos medios porque, a pesar de que muchos defensores de los derechos humanos han sufrido pérdidas en conflictos armados, no son sólo víctimas, sino protagonistas de la búsqueda de una paz con dignidad.

“Esa determinación está en nuestras manos cada vez que nos levantamos, no importa en qué rincón del mundo estamos, es una cuestión de coherencia, de conciencia. Esta lucha no se trata de ser complaciente con las injusticias, sino un compromiso concreto”, subrayó.

También convocó a resistir la tortura, el racismo, la discriminación, las fobias, la denigración de los pueblos indígenas, la esclavitud contemporánea y la lucha de las mujeres por la equidad.

“La lucha por lo que uno cree, el valor que tiene, es la coherencia. Hay que ser coherente en el tiempo. Es estar una y otra vez. Eso es lo más importante, no lo que uno hace una vez motivado por una guerra, la violencia, una injusticia, sino la lucha constante por la dignidad humana”, afirmó.

En su caso personal, Menchú recordó que hace 37 años quemaron vivo a su padre, secuestraron a sus hermanos y torturaron a su madre, “pero me siento orgullosa de ellos porque yo también agarré la lucha por la paz”.

La dirigente lloró al recordar que Pérez Esquivel, a quien calificó como un maestro y amigo, fue quien la postuló ante la academia sueca como candidata al Premio Nobel de la Paz que finalmente ganó.

“Hay algunas razones por las que siempre digo que los dos Premios Nobel progresistas de América somos él y yo. Desde que conocí a Adolfo, estaba en su agenda la defensa de los derechos de los pueblos indígenas (...) gracias a él es que tengo el Nobel”, dijo.

 

 

Menchú destacó que los jóvenes deben ser educados para la paz y con el compromiso de cambiar su entorno a partir del respeto mutuo, la integridad, los valores y la reciprocidad.

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