Cuernavaca, Morelos.- Una deformación en las córneas de Edmundo Aparicio Arteaga le provocó la pérdida gradual de su vista, por lo que tuvo que recibir trasplante de este tejido para recuperar no sólo la vista sino su vida, ya que perder la visión lo estaba dejando incapacitado.

A varios años de haber recibido ambas córneas asegura que es fiel promotor de la cultura de la donación de órganos, “yo más que nadie sé que la donación de órganos puede hacer la diferencia entre la vida y la muerte de una persona”.

Edmundo Aparicio Arteaga, cuenta que a la edad de 6 años le detectaron miopía, “por muchos años creí que eso era el motivo por el que iba perdiendo la vista, pero como en mi familia no había dinero para estudios no tenía opción y me iba adaptando a vivir así”.

Recuerda que cuando tuvo dinero para hacerse estudios completos le indicaron que tenía una malformación en las córneas y eso provocaba la pérdida de su vista; para detener el problema era necesario un trasplante, de lo contrario se quedaría sin ver.

“Como ya trabajaba pude ahorrar para pagar mi operación, fue en el año 1980 cuando me hicieron el primer trasplante por el que pagué diez mil viejos pesos, antes de que le redujeran ceros al peso; fue un proceso complicado. Antes de la cirugía cada fin de semana tenía que viajar a la Ciudad de México para saber si había noticias sobre un donador, así pase todo un año, gasté mucho, pero no quería quedarme ciego”, dijo.

Aseguró que después de transcurrir un año sin noticias de un donador, estaba perdiendo la esperanza, “un fin de semana viaje a México con la firme idea de que si no había noticias positivas me olvidaría del trasplante porque ya estaba cansado y había gastado mucho dinero. Al llegar me dijeron que tenía todo listo así que tuve que regresarme a Cuernavaca por mis documentos y el dinero”.

Tardó doce meses en recuperarse, cuenta que en la primera operación estuvo tres semanas hospitalizado, pasó casi un año para que pudieran reincorporarse a la vida laboral, “en 1980 comenzaban los trasplantes de córneas y las cirugías eran delicadas, nada que ver con la segunda operación”.

Veinticuatro años después de su primer trasplante, tuvo la oportunidad, a través del ISSSTE, de ser beneficiario de una córnea, “en la segunda operación fue rápido, al día siguiente me dieron de alta y la recuperación fue muy rápida”.

Aunque asegura que no ha recuperado la vista al cien por ciento dice que tiene un setenta por ciento de visión lo que le permitió continuar con su vida, “como no veía deje de manejar, disminuyeron mis actividades, fue muy difícil para mi, pero ahora, puedo decir que mi vida cambió”.

El trasplante de un órgano puede ser la diferencia, “yo soy donador, mi familia ya sabe que si algo me sucede está la autorización para donar, ahora yo le pido a la gente que no sea egoísta y que regale vida”.

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