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Polémico resultó el triunfo que los Panzas Verdes del León le propinaron a las Águilas del América, el pasado miércoles, dentro de la fecha once (doble) del Torneo de Apertura 2017, celebrado en el Nou Camp.
Agonizaba el encuentro, el marcador se encontraba empatado a un tanto cuando los del Estado de Guanajuato, en donde la vida no vale nada, avanzaron por la banda izquierda, repentinamente un balón, que se había ido en una jugada previa a la tribuna, regresó al terreno de juego cayendo a unos cuantos metros del balón con el que se estaba disputando el encuentro; es decir, por unos cuantos segundos hubo dos esféricos en la cancha. 
Vino el centro al corazón del área de los de Coapa que fue bien aprovechado por Burbano, quien remató como gente grande, para anotar el  dos por uno, que significaba la victoria para los de casa.
De inmediato, los reclamos de los emplumados no se hicieron esperar, exigiéndole al silbante en turno, Diego Montaño, que invalidara el gol; toda vez que, según su empírica opinión, estaba viciado de origen, en virtud de que había dos balones en la cancha.
Segundos después el nazareno dio por terminadas las hostilidades, para que el “consorte de la liendre” ingresara al terreno de juego, cosa rara, hecho un energúmeno, arremetiendo en forma pendenciera en contra de los jueces, culpándoles de la derrota.
He de comentarles, estimados lectores del Diario de Morelos, que el futbol es un deporte, quizá el único, que se puede jugar a un altísimo nivel competitivo sin conocer las reglas que lo rigen, porque sus bases son muy simples.
Del mismo modo existe otro fenómeno interesante, que todos los que algunas vez lo practicaron creen que saben de reglas, agudizándose este problema en los exfutbolistas que realizan comentarios en la pantalla chica y esta vez no fue la excepción.
En mi opinión, el gol fue legítimo; toda vez que el segundo balón no interfirió en ningún momento en el juego. Entiéndase por interferir al hecho de estorbar a algún futbolista con oportunidad de jugar el balón o que se llegue a crear una confusión respecto a con cuál de los dos balones se está jugando. Lo que jamás ocurrió, todos, absolutamente todos, los involucrados, incluyendo al público en las graderías, así como a los televidentes, podían distinguir la diferencia.
Por ahí he escuchado una gran cantidad de barbaridades; tales como: “El segundo balón distrajo a Orrantia”; admitiendo sin conceder, el hecho de que uno de los participantes se distraiga, no implica una interferencia en el juego.
Vamos, si un perro entrara a la cancha y un balón que va hacía gol golpeara al “intruso” y terminara en el fondo de las redes, de acuerdo a los nuevos lineamientos dictados por FIFA, se concedería el tanto a pesar de que la pelota haya sido tocada por un “cuerpo extraño”.
Todos los analistas arbitrales que he tenido la oportunidad de escuchar concuerdan con que el gol fue legítimo. Los que han armado el borlote son los que alguna vez jugaron; pero que, nunca arbitraron…zapatero a tus zapatos.

Por Eduardo Brizio

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