Cuando la vieron viajando por todo el mundo cubriendo las competencias de automovilismo para Televisa Deportes muchos la envidiaron, suponiendo que era “el trabajo soñado”.

Y efectivamente, se trataba de una actividad que a muchos les hubiera encantado realizar; sin embargo, nadie sospecha todo lo que hay detrás de ese sueño: sacrificios, desveladas, privaciones de compromisos y festejos familiares, para entregarse en cuerpo y alma a la actividad que uno ama.

 Ya lo cantó Alex Lora: “Y aunque hay personas que parece que la vida les ha dado todo; nada es de a gratis y por cualquier cosa tienes que luchar”.

Tengo la impresión de que, para crear un vínculo con su papá, quien era propietario de un taller mecánico y su pasión eran los coches, fue que se trazó una meta bien definida: convertirse en “la reportera de las carreras”.

Recién ingresada a la empresa, preparó un proyecto para cubrir la Fórmula Uno, asesorándose de personas que conocían las entrañas de la pantalla chica y de cómo se manejan esas cosas.

Cuando presentó su plan a la superioridad, no faltó quien respondiera con una carcajada, entre broma y risa, haciendo mofa de lo “ambiciosa”; pero a la vez “utópica” propuesta, sobre todo porque la principal limitante era económica.

Pero “la virgen todo lo ve” y de la cúpula del poder televisivo llegó el mandato para cubrir la incipiente carrera de ‘Checo’ Pérez. Fue entonces que surgió la pregunta ¿A quién mandamos?, pues a Giselle Zarur, quien tiene un plan bastante bien orquestado.

Por esas cosas que tiene el destino, en mayo del 2011, ‘Checo’ se accidentó en Mónaco y ahí estaba Giselle, haciendo una gran cobertura del infortunado evento y sirviendo como enlace entre el alto mando de la empresa (quienes ofrecieron todo el incondicional apoyo) con los familiares del hábil piloto Azteca, lo que le valió ganarse la confianza y reconocimiento de propios y extraños. Ella utilizó una fórmula ya probada: sembró trabajo y cosechó éxito.

No faltó el momento en que pretendieran, por aquello de las envidias, sustituirla; pero sé de buena fuente que, cuando se enteró la familia del Checo “pusieron el grito en el cielo” debido al lazo afectivo y los vínculos que se habían creado con la Zarur; de modo que, condicionaron el acceder a entrevistas y exclusivas a cambio de que ella fuera la encargada de cubrir los eventos. Sembró profesionalismo y cosechó reconocimiento.

Ahora que ha extendido sus alas para volar en busca de nuevas metas, otras quimeras y fantasías, dejando un hueco difícil de llenar, le doy gracias a la vida por haber conocido a un ser lleno de luz que, con su positiva actitud y carisma, iluminó el corazón de todos los que tuvimos la dicha de trabajar a su lado.

Para la gente capacitada, siempre sobrarán las oportunidades. Hasta siempre querida amiga. Tal y como te lo dijo Francisco Javier González al despedirse: “arrieros somos… y en el camino andamos”.


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