La Jornada 9 del Torneo de Clausura 2018 en el balompié mexicano fue prolífica para el comentario. En especial llama mi atención el saldo de suspendidos, por cuestiones disciplinarias, que nos arrojó.
La “Santa inquisición” se vio obligada a castigar a un total de cuatro elementos: tres futbolistas y uno perteneciente al personal técnico. De los cuatro suspendidos, tres son extranjeros. De los tres foráneos, dos son argentinos y uno español.
Entiendo que las expulsiones forman parte del futbol; sin embargo, existen algunas situaciones que son comprensibles, mientras que otras rayan en lo absurdo, lo ridículo y hasta en lo estúpido.
Rafael Márquez recibió la tarjeta roja, merced a la suma de dos cartones preventivos por sendas faltas, Razón por la cual se ganó un partido de suspensión. Irse a bañar temprano producto del fragor de la batalla, aunque no es deseable, es entendible.
Pero lo que de plano escapa a mi entendimiento es que un futbolista se haga expulsar en forma irresponsable, a los 33 minutos de juego, por insultar al árbitro, dejando a su equipo en inferioridad numérica por un gran lapso del partido; tal y como lo hizo el argentino Milton Caraglio en el Atlas vs. Monterrey, sin mencionar que estará ausente la próxima jornada, cuando los rojinegros visiten al Morelia.
Lo más grave de todo esto es que los dirigidos por Rubén O. Romano enfrentan un serio problema en cuanto a porcentaje se refiere y les urge sumar para evitar irse al averno de la División de Ascenso; pero el angelito, sin poder controlar su temperamento y mostrando una escasa inteligencia emocional, le pidió a gritos al colegiado Adonai Escobedo que lo mandara a las regaderas.
Del mismo modo, el español Alejandro Arribas insultó al silbante César Arturo Ramos Palazuelos en el Pumas vs. Chivas, cuando ya agonizaba el encuentro. De cualquier modo, la escuadra universitaria no podrá contar con él para el próximo sábado cuando visiten al León en el Nou Camp para un duelo de fieras.
Pero quizá el caso más patético sea el del preparador físico caprino, un argentino llamado Guido Bonini quien, en una actitud pueril, no solamente le faltó al respeto a los árbitros; sino que lo hizo con su propia institución; pero sobre todo, con el futbol. Aunque también fue suspendido un partido, me parece que el hecho de que el preparador físico esté o no esté en la banca, no marca diferencia alguna.
Desde mi punto de vista, las sanciones son muy benévolas en el futbol mexicano, si los suspendieran tres partidos por insultar a los oficiales del partido, apuesto a que nadie se tomaría el atrevimiento de hacerlo. Aunque lo ideal sería que tomaran conciencia de que son personas públicas y que deben conducirse con educación y respeto. De la ética de la educación ya ni hablamos.
Muchos Directores Técnicos preparan a conciencia los partidos desde el punto de vista táctico; pero, no hay alguno que lo haga desde el punto de vista disciplinario.
Es aquí donde surge la pregunta…. ¿Qué ganaron con insultar al juez?