Allá por la década de los setentas, tuve la dicha de acompañar a mi papá a pitar un encuentro en el Estadio Luis ‘Pirata’ de la Fuente, en el bello puerto jarocho. Bien presente lo tengo yo; en virtud de que, nos ocurrió una vivencia que marcó mi vida futbolísticamente hablando.

Resulta que, mientras paladeábamos un estupendo café, precisamente en la Parroquia, se apersonó, nada más y nada menos que el Director Técnico de los Escualos de Veracruz y amablemente nos solicitó permiso para compartir la mesa, a lo cual gustosos accedimos.

Se trataba del austriaco Skender Peroli quien en una exquisita charla nos compartió sus conceptos arbitrales diciendo: “A mí, en mi época de futbolista y en todos los años que tengo como entrenador, jamás un árbitro me ha robado un partido”.

“Que la pelota entró o no entró… métela hasta la red a ver si hay un silbante que la saque de ahí”. “Que nos anotaron un gol en fuera de lugar… vamos a convertir dos para ganar el partido”. “Que nos anularon un tanto legítimo… metamos otro”.

Esto viene a cuenta, porque estamos muy lejos de aprender a tomar las decisiones del juez como parte del juego. Lo que es peor aún, ahora hemos convertido a los árbitros en las verdaderas estrellas del futbol.

Para acabarla de amolar, ahora “cualquiera”, con la mayor ligereza se atreve a hablar de “robos”, “intereses” y “consignas”, sin más pruebas que su maledicente y calenturienta cabecita.

Pero, cuando esto toma matices dramáticos es cuando “gente de futbol”, que sin nuestro querido deporte serían nadie, son quienes escupen al cielo, vilipendiándole, al tiempo que patean irresponsablemente el pesebre.

En un juego protagonizado por el error, a los únicos que se les exige ser infalibles es a los hombres de negro. Cuando le meten un gol por las orejas a un portero… “le taparon” o “le botó mal”. Si un atacante falla un tanto… “le cayó en la de palo”.  Pero si es un colegiado el que se equivoca, en el mejor de los casos es un incompetente y en el peor, un ratero.

Lejos de colaborar a la buena reputación del futbol; tal parece que nos empeñamos en lo contrario. Vamos a convencer al “respetable” de que esto está arreglado de antemano… a ver quién es el imbécil que prende la tele para ver un partido o el ingenuo que compra un boleto… para ir al estadio.

Reglas y reglazos
Eduardo Brizio
ebrizio@hotmail.com