Desafortunadamente, las situaciones extra cancha dan de nueva cuenta de qué hablar en nuestro querido deporte. Ahora, tocó el turno a los integrantes del equipo de todos estar en el ojo del huracán.

Resulta que luego del pírrico triunfo obtenido frente a Escocia, por la mínima diferencia, en el Coloso de Santa Úrsula, que significó la despedida de la Selección ante “el respetable” antes de viajar a Rusia 2018, el alto mando les dio la noche libre.

Cuentan las lenguas de doble filo que un grupo de ocho o nueve futbolistas organizaron una “reventón” en una casa de las Lomas de Chapultepec, en donde, como en cualquier fiesta hubo música, bebidas alcohólicas y se prolongó hasta las cuatro de la madrugada. Además, se habla que fueron acompañados por un buen número de bellas mujeres.

Por supuesto que el escándalo no se hizo esperar y una parte de la prensa aprovechó el incidente para “informar” a la opinión pública lo ocurrido.

La reacción de la Federación Mexicana de Futbol al respecto, fue escueta, limitándose a explicar que: “No estaban concentrados y que en su tiempo libre los futbolistas pueden hacer lo que les plazca”.

No han faltado aquellos que culpen a la prensa de propalar tales escándalos; así como, tampoco los que quieran guisar una parte de la virilidad de los jugadores involucrados en chilpachole, aduciendo que: “son personas públicas y que deberían comportarse a la altura, siendo un ejemplo para la niñez y la juventud”.

Del mismo modo, se ha dicho que la penosa situación molestó a los patrocinadores del equipo representativo del balompié nacional, argumentando que “la mala imagen proyectada se puede vincular con sus productos”.

De ninguna manera pretendo minimizar el escándalo, mucho menos justificarlo. La prensa tiene todo el derecho de informar, sobre todo cuando los datos son fidedignos y los hechos son verídicos. Me parece infantil tratar de culpar a los medios de información de las consecuencias que pueda desatar la noticia.

Creo que los patrocinadores tienen razón al exigir que las personas que son su imagen ante los consumidores, tengan un comportamiento intachable.

Opino que fue muy tibia la reacción de las autoridades balompédicas (in) competentes.

Desde mi punto de vista se equivocaron los futbolistas. Quizá se les olvidó por un momento que son famosos y que al ser personas públicas todo lo que hagan puede generar noticias, sobre todo a unos cuantos días de que arranque la Copa del Mundo.

Que hay un lugar para cada cosa y cada cosa para un lugar. Que todos debemos ser responsables de nuestros actos y de las consecuencias que estos generen. Tampoco pido que los destierren, simplemente que logren entender la responsabilidad que tienen para con sus familias y para con la sociedad.

No es la primera vez que esto ocurre y algunos de los participantes ya son reincidentes. Ojalá y (aunque no lo creo) fuera la última.

¿Quieres que no se sepa?... ¡No lo hagas!

Reglas y reglazos
Eduardo Brizio
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