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La noticia corrió como reguero de pólvora “Francisco Palencia ha sido cesado de la Dirección Técnica de Pumas” ¡Órale! Si bien es cierto que un par de semanas atrás la directiva universitaria había dado el espaldarazo al “Gatillero”, afirmando que “se trataba de un proceso a largo plazo y contaba con todo el apoyo de la institución sin importar los resultados”, lo cierto es que fue la “crónica de una muerte anunciada”; porque ya sabemos que en el balompié mexicano, esas “ratificaciones en el cargo” significan el preludio de un inminente despido.
Les platicaré que en la época en la que me desempeñé como silbante tuve el gusto de “pitarle” muchos partidos  a Paco mientras defendió con gallardía la casa cementera y siempre mostró una actitud guerrera, profesional y educada.
Tiempo después, cuando ya trabajando para Televisa Deportes, me tocó la dicha de ir a Aguascalientes a trasmitir un partido Necaxa vs. Pumas, en donde Palencia fungía todavía como futbolista, por esas cosas que tiene el destino viajamos prácticamente juntos de regreso a la capital de la República; ya que, nuestros asientos estaban separados únicamente por el pasillo central del avión. 
“No nos paró el pico”, platicamos de principio a fin del vuelo. Me contó de sus inicios, compartimos muchas vivencias y terminó por confesarme el amor que se le había engendrado en el corazón por los colores azul y oro, afirmando que los Pumas eran el equipo con el que más identificado se había sentido a lo largo de su brillante y fructífera carrera.
Pero siempre es la misma historia, el “hilo se rompe por lo más delgado”. Si hay alguien que tiene una responsabilidad más que compartida con Palencia, es Rodrigo Ares de Parga quien desde que tomó las riendas del equipo ha venido dando tumbos, pasando de un desacierto a otro, empezando por haber despedido a Memo Vázquez y a Toño Sáncho cortando de tajo el proceso. Luego le otorgó un voto de confianza al “Gatillero” y trajeron a un par de españoles: Berjón (un tronco) y Abraham González (que a mí nunca me ha convencido) logrando calificar a la liguilla en el primer torneo. Pero después, vino la debacle. Dejó ir a Sosa, pretextando que “se necesitaba dinero” y no supo retener a Quiñones. Lo salva la contratación de Castillo. Se perdió la final de la Concachampions, no se calificó a la gran fiesta del futbol mexicano, terminaron como el equipo más goleado de la competencia. Dejaron ir a Britos y manejaron muy mal el asunto de Darío Verón y el del ‘Picolín’ Palacios.
Era el momento de cambiar de Técnico si no estaba a gusto con él; sin embargo “lo apoyó” y empezó a hablar de un proyecto (que en principio yo lo aplaudo)… volver a engrandecer al equipo con base en la cantera. Sin embargo, de nueva cuenta se equivocó al contratar a una bola de troncos, los canteranos todavía no estaban listos. No hace un mes que declaró que “con Palencia no hay borrón cuenta nueva, que tenía todo el apoyo” para pocos días después tener que tragarse sus falaces palabras demostrando “lo ingrata que es la lengua cuando se atreve…a prometer y a asegurar”.

Por Eduardo Brizio Carter

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