Desde que comenzó a pastorear al rebaño sagrado Jorgito Vergara, ha venido repitiendo la misma historia. Cuando incorpora a un nuevo elemento a su equipo de trabajo, anuncia la flamante contratación con bombo, platillo cohetones y serpentinas, con el consabido discurso de que se trata del “mejor del mundo” en su especialidad y que viene a trabajar en un proyecto a largo plazo, para que el nuevo mesías y salvador del equipo, trascurridos unos cuantos meses, sea tratado como un costal de papas para ser ignominiosamente despedido.
En un futbol sin memoria, bueno sería hacer un recuentro de los daños: despachó al travieso Guzmán, al yayo de la Torre, a Hanss Weterhof, a Xavier Azcargorta, Paco Ramírez y Raúl Arias.
En forma irracional prescindió de los servicios del güero Real, cortando de tajo un visionario proyecto, para traer a Fernando Quirarte a quien en poco tiempo también le arrancaría la cabeza. Después Nacho Ambríz correría la misma suerte.
Los holandeses, comandados por Johan Cruyff, se fueron por donde llegaron. Desfilaron: Benjamín Galindo, Juan Carlos Ortega, Ricardo Lavolpe, Carlos Bustos, el chepo de la Torre. Todo esto, sin mencionar los interinatos.
La lista de los directivos que ha despedido por quítame estas pajas y  algunos en forma poco digna, es basta: Ivar Sisniega, Néstor de la Torre, Juan José Frangie, Ramoncito Morales, Rafael Lebrija, Juan Manuel Herrero, Paco Palencia y Rafael Puente. Además, con la mayoría de ellos no ha quedado en buenos términos.
Uno de sus secuaces, José Luis Higuera, lejos de abonar para equilibrar las locas decisiones, ha contribuido generosamente para no resolver los problemas; sino generarlos, tal y como ocurrió con el fallido invento de Chivas TV.
Lo más grave de todo esto, es que al parecer cada uno de estos caprichitos, le han costado una millonada al polémico directivo, incluido su malogrado enlace matrimonial con la señora Angélica Fuentes en donde, afirman las lenguas de doble filo, perdió hasta la camisa.
Ya lo cantó el filósofo de la canción vernácula, oriundo de Guanajuato, don José Alfredo Jiménez, a Vergara: “nada le han enseñado los años, siempre cae en los mismos errores”.
Ahora tocó el turno al pelado Matías Almeyda, quien al parecer había encontrado la fórmula para darle títulos a los caprinos.
Desde hace unas semanas se veía venir el rompimiento, cuando en forma insensata se hicieron de los servicios de Francisco Gabriel de Anda, dizque de Secretario Técnico, cuando el Pelado había declarado abiertamente que no necesitaba a nadie en ese puesto.
Se juntaron el hambre con las ganas de comer y todo parece indicar que la pésima administración de los dineros, finalmente le está pasando factura al propietario de las Chivas; tanto así, que se menciona que los problemas económicos que le agobian fueron la gota que derramó el vaso en el caso de Almeyda.
Terminado el romance, lo trataron con el sello de la casa: “como un costal de papas”. El que sigue, apuesto que será Paco Gabriel… esta película, ya la vi.

Reglas y reglazos
Eduardo Brizio
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