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Les platicaré, estimados lectores del Diario de Morelos, que mi papá era Licenciado en Derecho, egresado de nuestra máxima casa de estudios, pero fue “más versátil que Esmeralda”, de modo que fue el primero de la dinastía en “tomar los hábitos”; es decir, nos puso el mal ejemplo a mi hermano y a mí, para ingresar al intrincado mundo del futbol profesional desempeñándose como silbante.

Su participación en la Primera  División fue efímera, algo así como  tres años. Su  carrera con la ocarina se vio truncada  porque recibió una oferta para convertirse en gerente de Los Pumas de la UNAM. Ante tan irresistible  reto, se retiró de las canchas para indicar sus actividades administrativas. Baste mencionar que fue él quien viajó a Brasil, por encargo de la directiva universitaria y por recomendación de Carlito Peters, Director Técnico en aquellos momentos, para traer a México a Cabinho  y Spencer.

Me voy a tomar la libertar de compartirles una confidencia, que sinceramente espero no salga de aquí.  En virtud de que mi progenitor era oriundo de Guadalajara, de chiquitos inducidos por sus gustos balompédicos ¡Le íbamos a las Chivas! (Qué pena con Pepe).

Pero una vez que mi jefe se convirtió en gerente de la escuadra estudiantil, de a poco nos ganó el amor por los gloriosos colores azul y oro de nuestro querido equipo, sin mencionar que tanto Arturo como yo, tuvimos la dicha de estudiar en la UNAM, él en la Facultad de Derecho y un servidor en la de Medicina Veterinaria y Zootecnia, nos volvimos pumas de corazón.

Por eso me duele lo que está ocurriendo con el equipo. Han sido una serie de decisiones infortunadas y disparatadas las que tienen a los Pumas en los últimos lugares de la tabla de posiciones, lejos de los días de gloria, sin rumbo, sin pies ni cabeza.

Desde la pasada administración, el Ingeniero Borja dejó al equipo herido de muerte. Anduvo dando tumbos sin atinar a quien sería el director técnico adecuado. En un acto que me parece imperdonable, se deshizo de Pumas Morelos. Por eso, qué de raro tiene que la cantera se haya secado.

Escapa a mi entendimiento cómo fue que, después, el patronato le dio las riendas a un advenedizo a la UNAM que ha terminado por darle el tiro de gracia a la organización con sus decisiones equivocadas.

No supo manejar con dignidad el caso de Darío Verón, prometió apoyo incondicional a Paco Palencia y a la mera hora se achicó, deshonrando la palabra empeñada.

Prometió devolverle la garra al equipo utilizando a los canteranos, pero la verdad los chamacos no estaban listos. Para acabarla de amolar, las contrataciones de los jugadores extranjeros han sido un desastre. Formica, Guerrón y Rabelo, son unos troncos.

En mi opinión el principal culpable de la crisis universitaria se llama Rodrigo y se apellida Ares de Parga.

Muchas veces que han preguntado cómo le hacía cuando le arbitraba a mis Pumas. Se me hace que para convencerme a mí mismo que nos lo iba a ayudar, terminaba por perjudicarlos. Conmigo solamente ganaron… el 35% de los puntos disputados.

Reglas y reglazos
Eduardo Brizio
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