compartir en:

En el juego eliminatorio para la Copa del Mundo, Costa Rica vs. Honduras, al silbante mexicano César Arturo Ramos Palazuelos se le ocurrió añadir seis minutos al tiempo reglamentario, situación que aprovecharon los Ticos para empatar el encuentro.
Los Catrachos pusieron el grito en el cielo, clamando a los cuatro vientos que “el árbitro mexicano nos había robado”; sin embargo, al revisar el video del segundo tiempo de dicho encuentro, nos percatamos que, de acuerdo a los lineamiento que marca la ley que rige nuestro querido deporte, debía de haber añadido casi once minutos que se perdieron en: sustituciones, celebración de goles, evaluación y atención de jugadores lesionados; así como, el periodo que se pierde en tomar medidas disciplinarias (amonestaciones y expulsiones).
Echando a volar la sinceridad, la mera verdad no le asistía la razón a los hondureños, quienes se la pasaron realizando tácticas dilatorias, ajenas al respeto al juego limpio que debe privar en el balompié, hasta que “les salió el tiro por la culata”.
Unos cuantos días después, enfrentaron a México en San Pedro Sula, jugando de locales y una vez más, al saberse arriba en el marcador, demostraron que “ni a melón les había sabido” la amarga experiencia vivida ante Costa Rica, empleando de nueva cuenta cualquier cantidad de tramposos subterfugios, que provocaron que se perdieran más de 12 minutos. Lo más grave de toda esta triste situación es que contaron con la “complicidad” del juez salvadoreño Joel Aguilar, quien poco hizo para evitar está mañosa conducta y terminó “compensando” únicamente 5 minutos.
Además, los dos últimos goles de los hondureños estuvieron viciados (el segundo por falta sobre Gallardo y el tercero conseguido en flagrante posición fuera de juego); pero ahora los angelitos no dijeron nada. Resultaron: traposos, chillones y olvidadizos.
Del mismo modo, todo parece indicar que en el duelo, también eliminatorio, Perú vs. Colombia, Radamel Falcao, delantero cafetalero, y los defensas peruanos comandados por Tapia, acordaron no atacarse mutuamente en los últimos minutos del partido; toda vez que el empate beneficiaba a ambos equipos, amañando el resultado, provocando el pase automático de Colombia a Rusia 2018 y mandando a los incas a disputar un lugar en el “repechaje” contra la débil Nueva Zelanda.
¿Qué nos pasa? Probablemente a todos estos futbolista y Directores Técnicos involucrados en estas terribles faltas de respeto al futbol nadie les enseñó que “Una victoria si honor… es un triunfo sin sabor”.
¿Quieren más? Pues resulta que Panamá se clasificó a la justa mundialista, venciendo y eliminado de la competencia nada más y nada menos que a Estados Unidos, merced a un “gol fantasma”; en virtud de que la pelota jamás traspasó la línea de gol, es decir ¡No entró!
No ha faltado por ahí quien afirme que éste encuentro (Panamá vs. EUA) se repetirá, motivado por lo que acabo de relatarles. Solamente se les olvida un detalle, de acuerdo a las reglas de juego “Las decisiones del árbitro son inapelables y definitivas”… “Palo dado; ni Dios lo quita”.

Eduardo Brizio 

[email protected]