Qué les pareció, estimados lectores del Diario de Morelos, la gran Final del campeonato mexicano? En mi opinión, salvó la Liguilla, que había sido bastante predecible y aburrida.
Pero como dijo el desvalijador de coches ¡Vamos por partes! Ya lo cantó el insigne cantautor de la música vernácula, oriundo de Guanajuato (en donde “la vida no vale nada”) José Alfredo Jiménez “No hay que llegar primero; hay que saber llegar”. Tigres llegó en mejor forma y terminó coronándose, colaborando de esta forma a perpetuar el mito de “la maldición del súper líder”.
Desde el partido de ida parecía que la suerte ya estaba echada; toda vez que, aunque el duelo quedó empatado a un tanto, si hubiera sido por decisión como en el boxeo, los felinos del norte se hubieran llevado la pelea.
Me parece que en el recuento de los daños de la Final de ida, los rayados salieron más perjudicados con las expulsiones. Me explico, ante la tarjeta roja recibida por Leonel Vangioni, el ‘Turco’ Mohamed optó por, para el ‘juEgo’ de vuelta, abrir a Basanta de lateral por izquierda y por el ingreso del argentino Nicolás Sánchez en la defensa central, y ahí estuvo la tarugada; en virtud de que ninguno de los dos mostró un buen desempeño. De hecho, se antojaba que jugara Luis Fuentes en sustitución del castigado, en su posición natural de lateral izquierdo; pero al ‘Turco’ le dio por improvisar al más puro estilo de Juan Carlos Osorio, pagando caro su osadía.
Mientras el Tuca Ferreti, viejo lobo de mar, ante la suspensión de Hugo Ayala, decidió no inventar optando por suplirlo con el colombiano Francisco Mena, quien tuvo un magnífico desempeño en la defensa central y en una de esas resultó el jugador del encuentro, ganándole la partida estratégicamente hablando al timonel rayado.
Para acabarla de amolar, pienso que el gol tempranero rayado, por conducto de Dorlan Pabón lejos de ayudarlos, los perjudicó. Perdieron intensidad, se confiaron y “la criada les salió respondona”.
Y al grito de que “al perro más flaco se le suben todas las pulgas”, vino el yerro del cancerbero del Monterrey Hugo González, quien se comió el gol del empate. Es cierto que el disparo llevaba veneno, iba fuerte y le botó antes; pero un arquero de jerarquía lo debería de haber atajado.
En el segundo gol felino, “se juntaron el hambre con las ganas de comer”, una excelente jugada de Tigres, combinada con la falla en la marca del ya mencionado Sánchez en la central, aunado al hecho de que, en mi opinión, Hugo González también “lleva vela en el entierro”, los Tigres se fueron arriba en el marcador.
Y bueno, para cerrar con broche de oro tuvimos el penal fallado por Avilés Hurtado, que se convirtió en la cerecita del pastel de los Tigres, para que se terminara de escribir la historia.
Admitiendo que los dirigidos por el Tuca Ferrerti llegaron mejor, ganaron la partida y son dignos campeones, surge la pregunta… ¿Ganaron los Tigres o perdieron los rayados?