He de confesarles con todo el dolor de mi corazón, estimados lectores del Diario de Morelos, que yo no creo en la Selección; digo, la burra no era arisca, la hicieron.
Un servidor de ustedes forma parte de ese conglomerado de aficionados a quienes nos engañaron en Haití, cuando la eliminatoria mundialista rumbo a Alemania 74 se disputó en una sola sede; es decir, en el país caribeño, para que México quedara eliminado de la competencia ignominiosamente, al caer frente a Trinidad y Tobago, dándole el pase a los anfitriones.
Luego para Argentina 78, los roedores llegaron al Mundial afirmando a los cuatro vientos “venimos a ser campeones” ¡Sí chucha!, se perdieron los tres partidos por goleada y nos regresaron por donde llegamos.
Para España 82, ocurrió “La tragedia de Tegucigalpa”. El Hexagonal Final se disputó en Honduras y fueron los centroamericanos los que lograron su boleto al Mundial, México se tuvo que conformar con ver los partidos en la televisión.
En México 86, no se supo aprovechar la condición de locales y en el quinto partido caímos frente a los germanos en Monterrey.
Y después vino el bochornoso caso de los cachirules que nos dejó fuera de Italia 90.
En un país sin memoria, en donde cada cuatro años se repetía la misma historia y los porristas de la Selección se la pasaban  inflando al equipo, sembrando falsas esperanzas en los aficionados, me prometí a mí mismo no volver a creer en el equipo de todos.
Para acabarla de amolar me embaucaron otra vez recientemente, o mejor dicho me dejé embaucar, hasta que “desperté de mis ilusiones de gloria” con el abultado marcador ¡México cero; Chile siete!
Por eso hoy, al escuchar las palabras de Andrés Guardado, que suenan a sueños de opio, en el sentido de que la Selección puede ganar la Copa del Mundo, no sé si llorar, reír o ponerme a rezar.
No quiero ser agua fiestas, pero para los partidos de hoy frente a Bélgica y del lunes contra Polonia… ¡Tengo miedo!
Y no es que yo quiera que pierda la Selección, para nada. Al contrario, sería feliz si México lograra ceñirse la corona, lo que pasa es que no creo que eso ocurra, ni yendo a bailar a Chalma.
A unas monjitas una vez se les acabó la gasolina en la carretera; solícito, un parroquiano le sacó combustible a su carro para donárselo a las religiosas. Como no traían un recipiente en donde recolectar el preciado líquido, lo hicieron en una bacinica que llevaban. Mientras una de las hermanas depositaba la gasolina ya a su camioneta, otro individuo que pasaba por ahí, sorprendido, sacó la cabeza por la ventana para gritarle: “Esa es fe Madre… esa es fe”.
Si usted es de los que todavía cree en el equipo Tricolor pues lo felicito, ojalá y su sueño se haga realidad. Si usted es de los que se deja convencer, una vez más, por Andrés Guardado o por los porristas de la Selección… ¡Esa es fe!

Por: Eduardo Brizio / [email protected]