Los resultados electorales fueron una señal clara, un mandato contundente para que en Morelos fuera Morena y sus aliados del Partido del Trabajo (PT) y de Encuentro Social (PES) quienes conduzcan el destino de la entidad por los próximos años.
Resulta importante destacar lo anterior, porque luego pareciera que olvidamos que hace 6 años, por ejemplo, la alianza que impulsó la candidatura de Graco Ramírez a la gubernatura fue el PRD, PT y Movimiento Ciudadano; de esta última coalición creo que la memoria falló para muchos morelenses que votaron por un partido, como el PT que evidentemente postuló a un Gobernador y no se hizo responsable de un gobierno con excesos, graves errores e irresponsabilidades, siendo así una de las obligaciones de los partidos postulantes cuando firman una alianza, el tener claridad que no solo se deben hacer por la conveniencia de mantener el registro, sino también que no olviden que son corresponsables de los éxitos o fracasos de los candidatos que abracen con su logo.
No obstante que el respeto a los resultados de la contienda del 1 de julio sea una muestra de madurez, si bien no es obligatoria, si muestra una voluntad democrática esencial. No obstante se ejerzan algunas quejas, procedimientos de fiscalización e impugnaciones que se tengan que procesar ante las autoridades electorales, esto precisamente ayuda a limpiar casi por completo la etapa postelectoral y permite tener la certeza que quien llegó fue por qué obtuvo la mayoría de los sufragios y no solo eso, sino que los logró cumpliendo con las normas electorales.
Paso siguiente es la transición entre gobierno entrante y saliente; aquí si enfatizamos que esta etapa a pesar de ya haber candidatos a alcaldías y a la gubernatura que obtuvieron su constancia de mayoría que los acredita en su calidad de “electos”, en Morelos no ha tenido la eficacia como debiera de esperarse; en algunos casos no se les está permitiendo tener acceso a la información relevante del municipio o áreas del gobierno estatal y en el mejor de los casos, los protocolos de entrega-recepción resultan deficientes y poco funcionales.
Por algunas expresiones sabemos que el gobierno perredista saliente tendrá férreas auditorías y por lo que se conoce, razones les sobran; no onstante que es una exigencia generalizada no queden impunes los excesos e ilegalidades cometaidas por algunos personajes, lo que no podemos permitir es que el gobierno de Cuauhtémoc Blanco solamente dedique sus esfuerzos a ello, ya que la entidad pasa por uno de sus peores momentos históricos y la desmejora es visible tan solo con salir a las calles.
Esperemos que el gobierno de Blanco cumpla con sus promesas de campaña, tuvo un amplio apoyo ciudadano que bajo esas premisas le dio un abultado triunfo; estaremos pendientes que se avance en resarcir ciertos daños causados al erario, pero también generar un ambiente en el cual los morelenses volvamos al camino de la concordia para poder sacar adelante a nuestra querida entidad.

Por: Guillermo Amerena Betancourt / [email protected]

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