El comportamiento de la violencia, sobre todo cuando se explica el fenómeno de los homicidios, se relaciona con diversos factores.

En Morelos es sabido, que entre más se elevan los niveles de conflictividad social y se abandona el tejido social, crecen exponencialmente los delitos del fuero común; en otras palabras, entre más relajo traigan los políticos en sus disputas personales generando con ello desconcierto en la sociedad y entre más los políticos estén perdidos en traer inversiones, generar empleos dignos, crecimiento económico y niveles de ingreso, los delitos seguirán a la alza. Y aquí es importante traer al análisis un agravante.

El desorden policial entre mando único y las facultades de alcaldes sobre las policías de su localidad en la práctica es confuso; los propios policías municipales no tienen claridad de a quien deben responder por el propio desorden jurídico y mediático, de qué modelo policial debe imperar en el día a día.

Hoy el policía que a diario se juega la vida, ha sido contagiado por la disputa absurda de los políticos que habrían criticado políticas locales de seguridad, que en otras latitudes habrían sido exitosas, pero que en Morelos simplemente fueron expresadas en discurso, pero no implementadas en la realidad. La referencia concreta es al mando único policial.

En Morelos observamos, que al no dar resultados en el tema de seguridad Graco Ramírez, se le atacó en campaña duramente al modelo de mando único policial, cuando la raíz del problema fue que ese mando nunca existió en la realidad y más parecía la plataforma para poder asignar contratos y hacer negocios. Los recursos para capacitación, adiestramiento e infraestructura policial que consolidaran al mando único como estrategia estatal efectiva, nunca llegaron y la inseguridad siguió imperando.

La falta de continuidad en las políticas locales de seguridad y la dispersión de los grupos criminales nos está generando hoy en día, una nueva y auténtica crisis de seguridad que ya se comenta en todos lados.

Prueba del desorden entre autoridades, lo pudimos observar recientemente en un video donde el Alcalde de Cuernavaca reclama a policías municipales de Cuernavaca que están resguardando una obra en lugar de estar en otras funciones; los policías no sabían a qué mando responder, ya que también se encontraba en el lugar un agente estatal. Aquí el tema es muy claro: no es culpa de los policías, ellos están capacitados para recibir instrucciones y cumplirlas pero, si los policías no traen la directriz de responderle al mando municipal o estatal, lo más sencillo es que acaben del lado de los que si están organizados, pero para delinquir. Y eso no lo quiere nadie.

Los policías están perdidos en el limbo de las declaraciones políticas; estos dimes y diretes entre ex alcaldes y el entonces Gobernador, trajeron al escenario una disputa de qué modelo es el óptimo y ahora que los actores de estas disputas estrenan diferentes cargos, resulta que se sienten obligados a callar el modelo que antes criticaban (y que en la realidad resulta más efectivo) pero ese silencio es demasiado dañino ya que está generando que los cuerpos policiales estén desorientados y esto desata una total falta de coordinación y operación que a los únicos que les facilita el trabajo son a los delincuentes. ¡Definamos el modelo! y capacitemos a conciencia.

Para arreglar la inseguridad en Morelos se tienen que tomar medidas de alcance nacional y hacer corresponsables a todos los órdenes de gobierno.

Nos urgen instituciones profesionales, confiables y eficaces a nivel local; cerrar de una vez por todas los espacios a la impunidad de cualquier calibre y que la gente comience a sentirse más segura en las calles, de lo contrario, será más complejo levantarnos de esta pesadilla.

 

Por: Guillermo Amerena Betancourt

amerenaguillermo@gmail.com