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CUERNAVACA, MORELOS.-

“¡Rapiña Política!”
Esa es la calificación lapidaria que merecieron ayer aquellas personas que acudieron a la sede del Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) de Morelos, pervirtiendo la ayuda solidaria para las víctimas del sismo del martes reciente.
Diferentes voces de la comunidad coincidieron en que la versión de que el DIF se quiso apropiar la ayuda humanitaria para otros fines fue motivada por revanchismos políticos y golpeteo partidista.
Entre los señalados como promotores de la disputa de víveres llegados en cuatro tráileres de Michoacán está el rector universitario Alejandro Vera y su subalterno Javier Sicilia, así como miembros y simpatizantes del partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) en la entidad.
Justo cuando los damnificados requieren de mayor ayuda, una turba se dio a la tarea de disputar el manejo de los víveres so pretexto de que, pitonizos, el gobierno estatal pretendía etiquetar los enseres como
ayuda propia.
De cierto, agregan los reportes, cuando las marchas, las protestas y el llamado al activismo parece habérselo apropiado el rector Vera Jiménez y su grupo de simpatizantes, curiosamente no han dado la cara en una acción de verdadero apoyo a la sociedad, ésa a la que dicen defender y apoyar.
Un espectáculo vergonzoso de una mínima parte de la sociedad morelense el que se dio en la jornada previa y ayer mismo a través de las redes sociales convocando a luchar contra el gobierno en los momentos que hace lo que es su obligación, que no es otra cosa que procurar el bienestar de la población.
No faltaron a ese vergonzoso ejercicio de rumorología los mismos que hace rato están buscando el camino hacia hacerse del gobierno, que a la menor provocación y muchas veces con supuestos acusan de lo que no son capaces de demostrar fehacientemente.
En el juego político puede valerse, aún sea de muy bajo nivel, pero resulta de muy malas entrañas usar, montarse, lucrar con la desgracia de miles de morelenses que están urgidos de lo más básico que es el alimento y el techo.

Por: E. ZAPATA
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