En la Catedral Metropolitana, el cardenal Carlos Aguiar Retes tomó posesión como nuevo arzobispo primado de México, en sustitución de Norberto Rivera Carrera, quien estuvo al frente de la Arquidiócesis por más de dos décadas.

 

El nuevo arzobispo primado y exarzobispo de Tlalnepantla, hizo la Profesión de fe, la promesa de fidelidad y se mostró a los asistentes la bula (documento pontificio) del Papa Francisco.

Rivera Carrera dio un breve discurso. Estas son las palabras de Bienvenida pronunciadas por el Cardenal Norberto Rivera Carrera, Administrador Apostólico de la Arquidiócesis Primada de México, al Cardenal Carlos Aguiar Retes como Nuevo Arzobispo Primado de México, en la Catedral Metropolitana de México.

¡La paz sea contigo!, hermano en el Episcopado, cardenal Carlos Aguiar Retes, nominado por el Santo Padre Francisco como Arzobispo Primado de México.

 

Doy gracias a Dios nuestro Señor que, en su misericordia divina, me llamó a servir por más de dos décadas a esta entrañable y querida Arquidiócesis del Anáhuac. Hoy, en esta hermosa y majestuosa Catedral, dedicada a la gloriosa Asunción de María a los Cielos, y en la festividad del protomártir san Felipe de Jesús, patrono de esta Arquidiócesis, te doy la más cordial bienvenida, te deseo todo bien en el Señor, y un episcopado lleno de frutos que den gloria al Padre que está en los Cielos.

Querido Cardenal Aguiar, te entrego una arquidiócesis unida, con un pueblo de Dios maravilloso, lleno de fe, movido por la esperanza y participando en la caridad con los más desprotegidos; un pueblo guadalupano que ama y respeta a sus pastores, que reza por ellos y los auxilia en su ministerio. Es cierto que los habitantes de esta gran urbe conforman una sociedad plural, pero la fe sigue permeando sus vidas, la Iglesia sigue contando con buena salud y robustez, gracias a la acción del Espíritu Santo que se hace presente, actuando en las familias y en las comunidades parroquiales.

 

Te recibe un presbiterio generoso y trabajador, un presbiterio unido al Romano Pontífice y a su obispo, un presbiterio también plural, con una valiosa presencia de religiosos. Los sacerdotes de esta Iglesia Particular cuentan con una gran cantidad de carismas y cualidades que hacen posible el caminar eclesial y pastoral. Junto con el presbiterio existe una notable presencia de la vida consagrada, religiosas y religiosos que contribuyen de manera eficaz y generosa en la construcción del Reino. Un reconocimiento especial merecen las religiosas de vida contemplativa que, con su oración incesante, sostienen la labor de esta arquidiócesis.

Te reciben también tus hermanos en el episcopado: los ocho obispos auxiliares; admirables y abnegados pastores que saben de sinodalidad, de fraternidad y caridad pastoral; no dudes que tendrás en ellos a colaboradores diligentes y responsables en el pastoreo que la Iglesia hoy te encomienda.

 

Como resultado del Sínodo Arquidiocesano, desde hace 26 años la Arquidiócesis de México es una Iglesia en salida, es una Iglesia que, desde entonces, ha salido a las periferias y vive la misión permanente, una Iglesia que ha formado a sus laicos para ser discípulos y misioneros, y una Iglesia que ha tenido y sigue teniendo como prioridad a los alejados, a las familias, a los jóvenes y a los pobres.

La Arquidiócesis de México ha permanecido fiel a nuestro Señor Jesucristo y a la doctrina perenne de la Iglesia; siempre ha estado unida al Romano Pontífice, ha sido profética y valiente en defender a la familia, el derecho de los no nacidos, el Matrimonio natural, y se ha enfrentado a una mentalidad mundana que quiere imponerse como una dictadura del relativismo y la inmoralidad; también ha ejercido un profetismo social, denunciando atropellos, abusos, corrupción y violencia de grupos y estructuras muy variadas que quisieran una Iglesia muda y sumisa, pero que han encontrado en la Iglesia a una defensora de la justicia y de la paz.

 

Pero lo más relevante y grandioso que recibes, es la custodia del segundo más valioso ícono sagrado de la cristiandad: la maravillosa imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, emperatriz y patrona de América y las Islas Filipinas, corazón del México católico, esperanza, amparo y refugio de todos los que hemos nacido en estas tierras. Esta bendita imagen nos llegó por la mediación de San Juan Diego, nuestro primer indígena canonizado.

Te entrego esta Arquidiócesis tan amada con la satisfacción del siervo que ha dado lo mejor de sí, pero que ha recibido más a cambio: el amor misericordioso de Dios, el amparo de mi amada madre Morenita de Guadalupe y el apoyo y cariño de los fieles laicos de Cristo Jesús; los Obispos, presbíteros, diáconos y un ejercito de consagrados y consagradas. ¿Cómo le pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? No tengo como, sólo con el servicio de mi pobre ministerio, en el que quiero seguir hasta el fin de mis días.

 

Querido hermano Carlos Aguiar Retes, se bienvenido a esta gran Arquidiócesis Primada de México; ten por cierto que todos te reciben con alegría y esperanza, y que estarán dispuestos a caminar contigo, sinodalmente, como hasta ahora ha acontecido en esta sede metropolitana, bajo el amparo de María Santísima de Guadalupe.

Bienvenido, y que Jesús Buen Pastor te anime y fortalezca en la misión que hoy inicias.

 

  Norberto Cardenal Rivera