Cualquiera se da cuenta de que en las épocas preelectorales aumentan las manifestaciones callejeras y los bloqueos al tránsito vehicular. Siempre ha sido de esta manera., ocurre en estos días y seguirá pasando hasta junio de 2018 o incluso después porque los comicios suelen dar lugar a conflictos postelectorales de candidatos que bien o mal perdieron la elección. Así que a la gente de Cuernavaca no le queda sino resignarse a las molestias, la pérdida de tiempo y las afectaciones al comercio sin que la autoridad haga nada por impedirlo. La comparecencia en el Congreso Estatal del titular de la Secretaría de Movilidad y Transporte (SMT), Jorge Messeguer Guillén, el viernes, iba a ser saboteada por taxistas y ruteros de Dagoberto Rivera y Víctor Mata, de modo que el funcionario estuvo en su derecho de blindarse con un contingente de transportistas que le son afines, enfrente de la sede de Matamoros. Luego le reviraría la “grilla” de concesiones de taxis con pólizas clonadas a Mata y al diputado del Partido Humanista, Jesús Escamilla Casarrubias. Nunca hubo tal por parte de la SMT, y sí denuncias en la Fiscalía Estatal presentadas por la misma dependencia. “Hay carpetas de investigación en la Fiscalía por fraude. Han defraudado a la población, las venden en 100, 125 mil (pesos) y vamos a ir hasta el fondo, hasta el fondo vamos a ir, señor diputado”, le machacó Messeguer a Escamilla... Cosas de muchos modos en la política rumbo a las elecciones de 2018 que seguirán ocurriendo, entre otras muchas los saltos de los chapulines que de semanas a la fecha se han alocado. Es el caso de “Rafa” Reyes, el frustrado candidato a la alcaldía de Jiutepec que ayer brincó del PRI a Morena, uno de tantos cartuchos quemados a quienes pese a la inconformidad de los auténticos seguidores de Andrés Manuel López Obrador están admitiendo el dirigente estatal de la misma organización política, Miguel Lucía Espejo, y el senador Rabindranath Salazar Solorio, a los que habría que ponerles en la frente el letrero de “se recibe cascajo”… Como acto político es también que el Congreso Estatal le echó abajo el impuesto de la basura al presidente municipal Cuauhtémoc Blanco. De esta manera, los contribuyentes que ya pagaron por el concepto de “recolección de residuos sólidos” pueden apersonarse en la tesorería del Ayuntamiento y exigir que les regresen el dinero, y los que de ahora en adelante se pongan a mano con los servicios públicos ya no pagarán para que pase por sus casas el camión de la basura. Cierto: el enésimo golpe de los diputados al “Cuau” afecta las finanzas de la Comuna, que de por sí andan boqueando, pero les ahorra una lanita a miles de familias… Cuernavaca atraviesa la peor crisis en materia de movilidad vehicular de que se tenga memoria. En una gran parte de la ciudad el tránsito está “achilangado”, lento, pasmado, contaminador en las “horas pico” de idas y regresos a clases y trabajos. De las siete y las diez de la noche, en dirección sur a la altura de Motolinía y hasta Chipitlán la avenida Morelos se convierte en un estacionamiento monumental que abarca Leyva, Humboldt, Himno Nacional, Juárez y topa con la glorieta del Niño Artillero. Un galimatías que el jefe de la Policía Vial de Cuernavaca, Orlando Julián Guerrero Barona, es incapaz de descifrar. En algunas esquinas los atorones se hacen eternos, como Leyva e Himno Nacional o Tabasco y Morelos, donde a los automovilistas les toma hasta media hora poder escapar. Esforzados, los agentes de vialidad sudan la gota gorda, y por momentos pareciera que tiran la toalla porque resultan muy pocos para el tamaño del problema o debido a que en esta corporación del mando único policial no saben de ingeniería de tránsito. En una ciudad como la nuestra en donde, excepto Teopanzolco, las avenidas primarias son prácticamente las mismas que hace medio siglo, los conflictos pequeños de movilidad se magnifican y los medianos se agigantan. Sucede ahora por el derribo del puente de Palmira, cuya sustitución tardará todavía otros sesenta días, hasta después de la Semana Santa, del domingo 9 al sábado 15 de abril, cuando el paso de docenas de miles de turistas hacia el puerto de Acapulco agravará aún más el problema. Si pudo o no la Secretaría de Comunicaciones y Transportes colocar uno de esos puentes pre armados antes de tirar el de Palmira, es algo que autoridad local alguna no le preguntó al delegado José Luis Alarcón Ezeta. Dejados en estado de indefensión, ni al ex futbolista metido a alcalde ni a los diputados les interesa el calvario de los cuernavacences. Y lo que nos falta…

ME LEEN MAÑANA.

 

Por: José Manuel Pérez Durán / [email protected]

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