En una de la canchas más tradicionales de Cuernavaca, la de “La Lija”, situada en las cercanías de lo que alguna vez fue la estación de tren, contrasta una imagen de un niño sentado en la puerta de su casa descalzo, entre piedras, tierra y basura; muy atento observa, el transcurrir del partido. El ambiente que refleja descuido, el sol cae a plomo, las pausas del partido, sirven para pasar corriendo por el centro del campo. Los gritos de las porras, perros, forman parte del folclor que se vive cada domingo en una de las colonias más populares de Cuernavaca.
Fotos y texto: Julio Rutiaga / DDM