México.- Cuando llega el momento de un día de asueto o mejor aún algún periodo vacacional, es cuando más se pueden admirar los atractivos turísticos que ofrece la capital del país, sin tener que padecer los congestionamientos vehiculares y las grandes aglomeraciones. 

Si las condiciones climatológicas lo permiten, disfrutar de una puesta de sol o de un atardecer es posible en la Ciudad de México, desde una simple azotea o desde grandes edificios ubicados en varios puntos de la capital abiertos al público.

Aunque sitios como los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl, el Ajusco, Santa Fe y la Sierra de Guadalupe pueden ser observados a simple vista, los grandes rascacielos permiten al paseante deleitarse la pupila con emblemáticas construcciones que se iluminan cuando comienza a caer el sol.

El Zócalo, el Palacio de Bellas Artes, el Bosque de Chapultepec, el Centro Cultural Tlatelolco, son algunos de los edificios que encienden sus luminarias y se rodean de las “arterias de luz” que forman las avenidas con su tráfico diario.

De acuerdo con el sitio cndmxtravel.com, desde el Centro de la capital mexicana, uno de los miradores tradicionales de esta gran metrópoli es la Torre Latinoamericana, que con 44 plantas y unos 182 metros de altura permite apreciar la gran metrópoli.

Construido en 1956, este rascacielos fue el primero en su tipo, una magnífica obra de ingeniería que ha resistido sismos y el paso de los años, durante los cuales miles de capitalinos y visitantes lo visitan como parte de su paseo por el Centro Histórico.

También en la zona centro, en el lado norte de la Plaza de la Constitución se encuentran las cúpulas de la Catedral, desde donde se tiene una vista de antiguos y hermosos edificios, así como de la plancha del Zócalo.

Al terminar el día, otra opción para disfrutar de una vista panorámica de la capital es la cúpula del Monumento a la Revolución, localizado en la delegación Cuauhtémoc.

Se trata de uno de los recintos históricos más importantes del país que aún conserva su estructura original y es uno de los pocos monumentos que pueden ser explorados desde la cimentación hasta la linternilla (la parte más alta del edificio).

Para quienes además de contemplar la ciudad desde lo alto también desea deleitar el paladar, el World Trade Center, en el sur de la capital, aloja en lo alto el restaurante giratorio más grande del mundo.

Con algo más que una hermosa vista, el Castillo de Chapultepec es otra alternativa para que los turistas nacionales y extranjeros saquen las cámaras y tomen una panorámica de la Ciudad de México.

Pero edificios más nuevos también son opción para apreciar la capital mexicana como son las torres de Pemex, en la delegación Miguel Hidalgo; Reforma, la más alta de México con 246 metros de altura; la Mayor, en la delegación Cuauhtémoc, y la Insignia, sobre la avenida Ricardo Flores Magón esquina con la Avenida de los Insurgentes Norte.

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