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Mantenidos al margen los decentes (Samuel Palma César) y los dignos (Rafael Cepeda Aguilar), que “los de siempre” hicieran lo de siempre y haya nuevo comité estatal del PRI ya es un acto consumado. Lo que sigue es que el presidente Alberto Martínez González y la secretaria general Marisela Velázquez Sánchez harán lo que sepan y puedan, y todos contentos… hasta que llegue el momento de la designación del candidato a gobernador. ¿Pero cómo elegirlo? El “Método Del Valle” no parece mala idea, pergeñado aquí a fines de mayo cuando el cambio de la dirigencia priista aguardaba la elección mexiquense de junio. Uno: los aspirantes a la candidatura de gobernador se reúnen en un sitio pre acordado, digamos, Matías Nazario Moreno, que hasta hoy lleva mano; Juan Salgado Brito, Jorge Meade Ocaranza, Samuel Palma, Lisbeth Arjona Lecona, Marisela Velázquez Sánchez, Amado Orihuela Trejo, Guillermo del Valle Reyes e incluso David Jiménez González. Dos: cada uno ha llevado un documento con las firmas y domicilios de sus simpatizantes, los que acuerden: cinco mil, diez mil, quince mil. Tres: pagada entre todos una empresa encuestadora con reputación de seriedad y abiertos los micrófonos, un equipo de operadoras telefónicas llamará a las treinta y tres cabeceras municipales: cien llamadas a Cuernavaca, cincuenta a Jiutepec, cuarenta a Cuautla y así sucesivamente dependiendo del número de habitantes de cada municipio. Tres: los telefonemas serán aleatorios, tomados los números al azar de los directorios telefónicos y con la sola pregunta de: “¿por quién votará usted para gobernador?”. Cuatro: grabadas y contabilizadas las llamadas, ganará la encuesta el aspirante por el que más personas hayan dicho que por él votarán para gobernador. Y cinco: se levantará un acta que todos firmarán y se la llevarán al presidente del PRI nacional, Enrique Ochoa Reza. Más simple no puede ser, derivados además del mismo ejercicio las negociaciones de las candidaturas para senador, diputados federales y la alcaldía la capital... Aunque en niveles y circunstancias diferentes, el acuerdo político que por muchos años funcionó en Temoac fue tan simpe como efectivo, así que rememorarlo vale la pena. Creado el municipio de Temoac hace 41 años por decreto del gobernador Armando León Bejarano, el sistema de  elección del primer alcalde de esta localidad del oriente integrada por la cabecera municipal y las ayudantías de Popotlán, Huazulco y Amilcingo fue por demás democrático. Al margen del entonces partido aplanadora, el PRI, cuyo comité directivo estatal encabezaba el años más tarde desaparecido José Castillo Pombo, los principales de los cuatro pueblos realizaron una asamblea popular; propusieron a tres hombres de la cabecera municipal naciente, pasaron uno a uno al templete, votaron levantado la mano, el conductor de la reunión fue separando en bloques de diez a los simpatizantes de tal o cual precandidato y delante de todos surgió el candidato que sumó más votos, Eustorgio Abúndez de León. Uno de los acuerdos de las cuatro comunidades escindidas del municipio de Zacualpan fue que el primer alcalde le correspondería a la cabecera, el segundo a Amilcingo y así sucesivamente. El separatismo venía de un año atrás, desatado un movimiento que conjuntó a miles de hombres contra la imposición de Mariano Cerezo como el candidato del PRI a la alcaldía, en 1976. Y ganaron. En marzo de 1977 la multitud caminó hasta Cuernavaca, se plantó en la Plaza de Armas, le hicieron manita de puerco a Bejarano y sólo se retiraron hasta que se llevaron un ejemplar del periódico oficial con el decreto de la erección del municipio número 33. Electo Nabor Barrera Claverías como el segundo alcalde, apenas tres meses después de haber tomado posesión fue asesinado por un matón profesional, el 25 de junio de 1979. El tercero, un vecino de Huazulco llamado Roberto Caporal, estaría a punto de ser ultimado, emboscado junto con su padre Enrique la mañana del 9 de abril de 1986, muerto éste y su hermana Emma por gatilleros de una banda de extorsionadores que lideraban Justiniano Baranda y el poblano Pablo Beltrán Mixi, quienes a fines de los ochenta serían abatidos a balazos por policías judiciales en una historia de política y crimen… Por cierto: cuatro décadas más tarde sería asesinada Gisela Mota Ocampo, el 2 de enero de 2016, un día después de que tomó posesión del cargo. Relevada por su suplente Irma Camacho García, ésta falleció ayer hizo una semana, de modo que al ser féminas las dos primeras edilesas, la tercera también lo será… y que no se hagan bola los “grillos” misóginos del vecino municipio    ME LEEN MAÑANA.

Por José Manuel Pérez Durán

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