En su audiencia privada de hoy con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, el Papa le pidió una “colaboración serena” entre el Estado y la Iglesia en asuntos como la asistencia a los migrantes.

Aunque la Santa Sede no lo indicó como uno de los puntos de coincidencia entre ambas partes, la migración estuvo presente en el diálogo privado de 30 minutos que tuvo lugar la mañana de este miércoles en el Palacio Apostólico del Vaticano.

La salud y la educación fueron los otros aspectos incluidos por Francisco en el ámbito del “deseo de colaboración”, según reveló la oficina de información vaticana, que calificó al encuentro de “cordial conversación”.

Al mismo tiempo, destacó los aspectos en los cuales existe sintonía bilateral como el “compromiso común en favor de la vida”, de la “libertad religiosa y de conciencia”. La declaración vaticana fue lo suficientemente protocolar y genérica como para respetar los estrictos cánones diplomáticos vaticanos.

El texto se encargó de destacar “con satisfacción” y en primer término “las buenas relaciones bilaterales existentes entre la Santa Sede y Estados Unidos de América”, un detalle a tomar en cuenta luego del cruce de declaraciones a distancia de los meses pasados entre el propio Trump y el Papa.

Este día quedaron atrás ciertos reclamos públicos del mandatario estadunidense, quien llegó a tratar al líder católico de ser “un peón del gobierno mexicano”, aunque lo hizo todavía en campaña. “Quien busca construir muros no es cristiano”, replicó entonces Jorge Mario Bergoglio.

Una nueva disposición se notó, especialmente del lado del presidente, quien se mostró muy sonriente en cada momento de la audiencia con el líder católico, a quien visitó acompañado por una delegación de nueve personas.

“Es un honor haber conocido a su santidad el Papa Francisco. Dejo el Vaticano más determinado que nunca a buscar la paz en nuestro mundo”, escribió Trump en su cuenta de la red social Twitter, en un mensaje acompañado por un video de algunos pasajes de la audiencia.

El tema de la paz fue central en el encuentro. Bergoglio le obsequió a su invitado una copia autografiada de su más reciente mensaje con motivo de la Jornada Mundial de la Paz, dedicado al tema de la no-violencia como estilo político.

Al explicarle el sentido de otro de los obsequios, un medallón con la imagen de un árbol de olivo quebrado “por la guerra”, el Pontífice fue muy enfático al exclamar: “(Se lo doy) con mis mejores deseos esperando usted pueda ser instrumento de paz”.

Otro de los regalos papales fue un ejemplar de su encíclica “Laudato Sii”, un intenso llamado a la protección del medio ambiente, una denuncia a la actual crisis ecológica y una convocatoria a disminuir las emisiones que causan el calentamiento global.

Aunque el mandatario sostuvo varias veces que considera a ese fenómeno una falacia, este día le prometió al Papa que leería los documentos. Y antes de despedirse del Pontífice le aclaró: “¡No olvidaré sus palabras!”.

Quien se vio emocionada y cruzó algunas bromas con el líder católico fue la primera dama, Melania, quien aseguró a sus colaboradores que su más grande aspiración en esta gira era conocer al Papa.

Eslovena de nacimiento, cuando saludó a Francisco este le preguntó, sorprendiéndola: “¿Qué le da de comer… potizza?”. Ella, desconcertada, replicó: “¿pizza?”. No había entendido el chiste del Pontífice, quien ama especialmente el dulce esloveno que lleva ese nombre y a cada persona de dicha nacionalidad que conoce le hace el mismo comentario.

De todas maneras, ambos intercambiaron sonrisas. Algunas también hubo para Ivanka Trump que, como la primera dama y todas las mujeres de la comitiva visitante, vistió de riguroso negro y llevaba un velo sobre la cabeza, según el estricto protocolo.

Cuando se despidieron del Papa y mientras el presidente sostenía una reunión privada de 50 minutos con el secretario de Estado del Vaticano, Pietro Parolin, las mujeres visitaron las galerías del Palacio Apostólico.

Luego, todos juntos, pudieron admirar la Capilla Sixtina y la Basílica de San Pedro. Una de las postales de ese momento mostró a los esposos muy cerca, visiblemente tomados de las manos, admirando el fresco del Juicio Final, obra del genio Miguel Angel.

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