POCO O nada positivo aportó en lo inmediato la marcha Cuernavaca–CDMX que inició el jueves y culminó el domingo recientes con Javier Sicilia y Julián Lebarón a la cabeza. Más bien, dio resultado negativo.

Tal vez la razón del infortunado desenlace se gestó muchas semanas antes, cuando los convocantes, especialmente el poeta-actor, antepusieron las personalidades al fenómeno motivo de tratamiento.

Es decir, el protagonismo de Sicilia, asistido por Lebarón, y Andrés Manuel, se manejaron por encima de la urgencia de encontrar planes y acciones para reducir a su mínima expresión los hechos criminales.

UNA VEZ más fue justificada la movilización social del reciente fin de semana y concluida en Palacio Nacional, al margen de la cuantía de participantes, pero de ninguna manera la soberbia en ambas partes.

Primero la trivialización de la protesta en voz del gobernante, y luego la soberbia de Sicilia y compañía de no aceptar ningún diálogo si no era con López Obrador; es decir, lo “importante” eran las personas.

Protagónicos los unos y los otros, rompieron la oportunidad de entrar al tema de fondo, a la exposición de propuestas y líneas de acción para abatir la inseguridad, que por encima de los nombres es lo importante.

SI EL solo encuentro de los activistas con el presidente del país generara opciones de solución, valdría esa y cualquier movilización, pero no, no sería la primera vez que Sicilia tuviera oportunidad así.

El poeta-actor lo mismo abordó a Felipe Calderón que a Enrique Peña Nieto y de ahí no trascendió mucho más que su efusividad para besar a varios personajes; todos lucieron mucho, pero hicieron muy poco.

Con el actual presidente AMLO la inseguridad no ha variado y estaba dicho que éste no recibiría a Sicilia y Lebarón, por lo que en lugar de hurgar por alternativas, los activistas se aferraron a la confrontación.

ENCIMA DE todo, el tema central de esta historia se hundió más al entrar en escena un grupo de fanáticos de AMLO, que confrontaron incluso a familiares y amigos de gente asesinada. Todo mundo perdió.

 

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