HASTA ANTES de la actual administración federal, la intervención de las fuerzas armadas en tareas de seguridad ciudadana era motivo de queja por carecer de fundamento jurídico y por ser una seria amenaza.

No faltaban dos-tres voces alteradas de activistas de toda causa que adelantaban la viva imagen de la represión militar, las calles sitiadas por los soldados y garantizaban que estaríamos bajo régimen militarizado.

A no querer, la desbordante inseguridad en ciudades y pueblos y la falta de eficiencia de los cuerpos policiacos civiles para contenerla hizo cuasi obligada la salida de los militares de los cuarteles hacia las calles.

POCO A poco disminuyeron las quejas por ver a los militares en las calles, sin embargo hasta hace no mucho ello se daba al margen de la ley y esto impedía a los uniformados desempeñarse de forma efectiva.

Una vez legalizada la presencia militar en las calles, como prolegómeno de la operación plena de la Guardia Nacional, podría creerse que sí habría trabajo consistente para contener la comisión de los delitos.

Sin embargo, en estos días se multiplican las imágenes en distintos sitios del país donde los militares son golpeados y sobajados por parte del “pueblo bueno” sin saber si ponerse a correr, aguantar o responder.

DE SER un peligro inminente de abuso contra la ciudadanía, ahora los militares son blanco de agresiones de los ciudadanos, en tanto la jefatura suprema de las fuerzas armadas sostiene la visión del “pueblo bueno”.

El contrario, ayer trascendió una comunicación de la Secretaría de la Defensa Nacional que refiere la probabilidad de que los militares respondan a agresiones de civiles… ¿acaso sin orden de su jefe supremo?

En el mejor de los casos hay una contradicción entre la palabra y el probable hecho; en el peor de los casos hay indicios de diferendo entre el mando y la tropa, cosa que a estas alturas de la gestión sería terrible.

NADA DE lo anterior es ajeno a Morelos, donde ya cualquier situación de esas características podría decantar en ese escenario de “represión” tan socorrido por los defensores de derechos humanos para validarse.

Por: E. Zapata / [email protected] / Twitter: @ezapata1