LA INTENCIÓN de endurecer el castigo por delitos, especialmente contra la vida e integridad corporal, ha estado presente a lo largo de las últimas décadas, especialmente al crecimiento de la estadística.

Tal deseo de diversos sectores de la sociedad se ha cumplido en casos específicos, sin embargo, persiste la sensación de que el delincuente no siempre recibe el castigo que merece, que la justicia es de “puerta giratoria”.

Dicen, los que dicen que saben, que el nuevo modelo de justicia adversarial se ha tornado “garantista”, es decir, que su resultado ha venido a beneficiar más al victimario, que a la víctima, que no hay avance.

HACE UNOS cuantos días, el Gobernador dijo “Hay que cambiar las leyes, por lo cual debemos trabajar, porque hay muchos de la delincuencia organizada que no tienen delitos y son los más peligrosos”.

La expresión fue en el marco de la posible liberación de un presunto delincuente de la región oriente por falta de denuncias y pruebas contundentes que permitieran mantenerlo sujeto a proceso penal.

Sí, como para el caso, hay varias oportunidades para que alguien que transgredió la ley pueda evadir la justicia u obtener una sanción de leve costo con relación al daño causado, lo que suele alterar el ánimo social.

NO ES común que los legisladores locales promuevan y los federales impulsen el endurecimiento de sanciones penales, lo que sumado al “garantismo” del sistema de justicia, abre paso a la suerte de impunidad.

En la misma ruta, otra ventana de escape del presunto criminal es la falta de capacitación en el primer eslabón en la persecución del delito, pues la violación del derecho humano del sujeto es un pase a la libertad.

Y si no es en la anterior fase, en un proceso por habilidad de algún abogado y/o la mala actuación de algún juez cabe la probabilidad de que el imputado encuentre la oportunidad de allanar las sanciones.

ES CIERTO, con la denuncia ciudadana como poderoso instrumento adicional a leyes más drásticas, capacitación y no corrupción, es muy probable que pueda abatirse la comisión del delito que hoy es agobiante.

Por E. Zapata / [email protected] / Twitter: @ezapata1


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