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A FUERZA de lucha, convicción, desinterés o todo junto, tras el anuncio federal de legislar sobre el matrimonio entre personas del mismo género, en Morelos se confirmó el objetivo que gusta a [email protected], pero…

Deja en el camino a algunos damnificados la iniciativa de ley firmada el martes por el presidente Enrique Peña Nieto, tema que se consolidó en Morelos ayer, cuando la mayoría de diputados avanzó en ese objetivo.

A saber, la bancada panista en el galerón de la calle Matamoros hizo lo que pudo, no mucho, para parar lo que al menos en cuatro entidades del país ya era una realidad,
aquel derecho a las preferencias diferentes.

¿TIENE COSTO y beneficio político que el Ejecutivo federal tome en serio y a fondo el tema del matrimonio igualitario? ¿Puede repercutir en el terreno estatal la aprobación de ayer del Congreso de Morelos?

Sin duda, la comunidad lésbico, gay, transgénero…, tiene fuerte peso no sólo para el plano electoral, sino también en el económico de aquí, allá y acullá, y por natural ésta sabe claramente quien los rechaza.

Más aún, para las religiones conservadoras, especialmente para sus corrientes ultra, este avance hacia la plena legalización de la unión de hombre-hombre o mujer-mujer, es un serio golpe a su pensamiento.

EN MORELOS no sería un hito el enlace civil entre personas del mismo género, pues ya varias parejas lo lograron, aunque para ello hay
han tenido que andar un largo y sinuoso camino legal, que apunta
a allanarse.

La interrogante inmediata y potencial futuro a mediano plazo sería ¿las iglesias en Morelos se alinearán a la dinámica jurídica civil? No parece factible, y eso también aceleraría la creciente pérdida de feligreses.

Mientras El Vaticano, por ejemplo, suaviza su postura en torno a las relaciones de personas de igual género, en otras latitudes no se ve sino lo que “vox populi, vox Dei” critica: “son más papistas que el Papa”.

POR CIERTO, avanza tan vertiginosamente el descrédito de algunas iglesias y el ascenso de otras, que las proporciones están cambiando dramáticamente, lo que por ahí será motivo de una próxima entrega.

Por E. Zapata