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EN REALIDAD sí, es un exceso, como darse un plomazo en la pata, que los senadores lleven a tope el proyecto ciudadano de ley 3 de 3 para la transparencia de servidores públicos… varios saldrían raspados.

Entre los ingresos y bienes que acumulan en su encargo público los mismos senadores, por ejemplo, ciertamente se encuentran diferencias abismales entre los haberes de cuando asumen cargo y cuando salen.

Y no sería raro encontrar algún enriquecimiento inexplicable directo o vías sus familiares, y al mismo tiempo se haría más claro el ‘empobrecimiento explicable’ de muchos que son trabajadores de a pie.

HACIA el ’18, al margen de si se le quitan o no obstáculos a la figura de “candidato independiente” para acceder a cargos públicos, en el PRD doméstico incluso se prevé aceptar aspirantes sin tener afiliación.

Pero no es todo el PRD, ni un grupo común o corriente, sino una expresión ideada en el centro en 2015 con el título de Galileo que, como el sabio que alude, busca “cambio de coordenadas y velocidades”.

Es una apuesta fuerte dentro de Sol Azteca, enmarcada por la cada vez menos aceptada hegemonía de los partidos político, pero el cambio de coordenadas al mismo tiempo parece necesario por supervivencia.

POR CIERTO, eso de que los partidos acepten candidatear a cualquier cargo a personas no afiliadas, sino que tienen más perfil ciudadano, no es idea nueva en Morelos, y el Partido Verde es el que más ha ido por ahí.

El pragmatismo del verdecologista ha sido en la dinámica de detectar a cualquier personaje popular en los distritos electorales y “venderle” el derecho de ser candidato oficial a cambio de compartir los beneficios.

Bueno, el caso del PSD en el Ayuntamiento de Cuernavaca es la mejor expresión del oportunismo, donde tiene a un alcalde cuyo mejor conocimiento de lo que es un partido es que se trata de un juego de futbol.

EN EL PRI local, en tanto, persiste la presión de los de siempre, el teorizar en lugar de actuar de su dirigencia, y esperando que sus contrincantes se caigan por sus diferencias internas o el hartazgo social.

Por E. Zapata  /  [email protected]  /  Twitter: @ezapata19