LA AUSENCIA del rector de la UAEM Alejandro Vera de su casa y la presencia, en cambio, de su defensor Ricardo García, la madrugada del sábado, refieren que la orden de cateo y detención no sería tan sorpresiva.

De hecho, a media semana había versiones periodísticas de que la esposa de Vera y directora de Planeación de la UAEM, habría viajado a España, un destino no desconocido sino frecuente para Vera Jiménez.

Histórico y delicado que un rector universitario se encuentre en esta situación, al margen de las razones y, sobre todo, el alud de política que lo rodean, mientras la comunidad universitaria padece los efectos.

EN EL mismo caso que se encuentran la UAEM y su rector Alejandro Vera, hay dos escenarios que no deberían mezclase ni confundirse: uno, el estrictamente jurídico, y, otro, el de las filias y fobias políticas.

La búsqueda de Vera Jiménez, quien hoy sería prófugo de la justicia, tiene fundamento en acciones de la Fiscalía Anticorrupción y un juez del Poder Judicial, lo cual no habría de ser atacado en términos políticos.

Es decir, reprochar que muchos policías ejecutaron la orden de cateo parece tener poco o nulo peso legal, como también que la acción haya sido de madrugada. ¿A qué hora debería ser y con cuántos policías?

LA ORDEN de detención del rector de la UAEM no pierde validez con apreciaciones o juicios de valor como que es víctima de revanchismos o persecución política, sino con argumentos legales contundentes.

Alias, el personaje que es buscado por la justicia está acusado de un delito no menor, enriquecimiento ilícito, lo que puesto en el caso de otros funcionarios públicos sería, aún sin sentencia, la hoguera pública.

Pero no, aquí se impone el citado hasta el hartazgo “debido proceso”, en el que el acusado desvirtúe con solidez los elementos en su contra y salga avante, pero no vía la victimización, acusando conspiraciones.

POR CIERTO, resulta penoso que un hombre de ciencia como el rector universitario, se haya arrogado casi en exclusiva la etiqueta de víctima, y hoy tenga que andar a salto de mata tras un amparo, mientras se hunde la UAEM.

Por E. Zapata