EL SABOR de los cacahuates que el jueves masticaba nervioso el rector Alejandro Vera Jiménez debió ser muy diferente al dulce de los que engullía el 1 de septiembre durante una sesión de Consejo Universitario.

Hace menos de dos meses la retórica le dio para que una de sus incondicionales armara un débil pacto de unidad, sellado manos tomadas al aire por él y los líderes del STAUAEM, SITAUAEM y FEUM.

De cierto, la cabeza gacha con la que Mario Cortés (SITAUAEM) signó la frágil unidad aquella tarde pareció premonitorio de lo que la tarde-noche del jueves sucedió en Los Belenes: hubo unidad… contra Vera.

LOS CACAHUATES del jueves reciente debieron ser amargos en boca de Alejandro Vera, cuando se le multiplicaron las incriminaciones de “ratero” y otras peores de alterados trabajadores y estudiantes.

El rector fue blanco del método que tanto impulsó en sus correrías de activismo político: la manifestación del repudio, para su mal esta vez en voz de quienes decía defender y acabó por colmar de indignación.

Esta vez, también, fue sin su adlátere de aventura Javier Sicilia, que tanto lo impulsó a la crisis que hoy vive la UAEM y quien, por cierto, se llevó en ausencia una carretada de mentadas de la comunidad universitaria.

NI MEDIA docena de cacahuates, la noche del jueves reciente, fueron suficientes en el estómago del rector Vera para digerir el repudio de los que pudieron seguirlo en su “guerra”, pero no a costa de sus alimentos.

Y esa fue la torpeza de Vera Jiménez y sus lanceros, que so pretexto de ser una “universidad socialmente responsable”, cometieron la irresponsabilidad de arriesgar el salario de los trabajadores de la UAEM.

El nivel del coraje de la comunidad universitaria fue mayor porque los trabajadores no recibían su salario y otros derechos, mientras se sabía que la familia del rector había comprado un jacalito de $6.4 millones.

HASTA PARECE que valió cacahuate, de esos que el rector devora con fruición, sus anhelos de agigantar a la UAEM mediante una desastrosa rectoría. No culpes al mundo de la desgracia de tu pueblo; tú lo eres…

Por E. Zapata / [email protected]
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