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TODAVÍA con las heridas abiertas por el sismo del martes 19 reciente y con un camino largo para sanear, una parte de Morelos se encuentra golepada por intereses políticos y partidistas, rumbo a las elecciones del ’18.

Lo que hacen y dejan de hacer los gobiernos federal y estatal están siendo aprovechados por diversos grupos, no tanto para entrar al auxilio la comunidad azotada por la naturaleza, sino para fines propios.

Si resulta indignante ver que algunos zopilotes saquean lo que queda de algunas casas y comercios, no es menos repudiable lo que otros hacen para sacar raja política sobre los escombros de los damnificados.

SUELE decirse y no con poca razón, que son muchos más los buenos que los malos en este México, pero ¡ah! cuánto perjuicio y zozobra están creando aquellos que incluso montan maniobras sobre la mentira.

Aquella perversidad de la propaganda nazi, acreditada a Goebbels, de que “una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”, ha sido tomada por los adversarios de las autoridades federal y estatal.

Justo cuando están más urgidos los morelenses, en especial los damnificados por el sismo de una directriz cierta para levantarse, es cuando vuelven “verdad” las mil mentiras que se reproducen cínicamente.

HOY día, que el calendario ya marca actividad pre electoral, apunta hacia un largo periodo este tipo de expresiones de contendientes políticos y resentidos sociales, montadas en el sismo o lo que sea.

Mala cosa para los morelenses en general que sectores de la sociedad, no todos, no sean capaces de procurar el acuerdo sino el punto de divergencia como motivo de acción dizque por el bien de todo Morelos.

Dicen, los que dicen que saben, que hay un desencanto generalizado por el sistema de partidos que antecede la elección de los gobernantes y que sociedad civil es la opción, pero tampoco se ve la organización.

ES imperativa la fiscalía social sobre todo ejercicio de gobierno, pero no con base en la mentira o en la simple acusación sin fundamento o evidencia contundente. Urgen líderes genuinos, no falsos mesías.

Por E. Zapata / [email protected] /  Twitter: @ezapata19