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LA SOLUCIÓN al problema financiero de la UAEM no es solo “estirando la mano”, dijo entre otras cosas el secretario federal de Educación, Aurelio Nuño, no en la CDMX, sino acá mismo, por si no alcanzara a oírse.

Bueno, no se descarta el apoyo de la Secretaría de Hacienda, pero al menos queda claro que en la ventanilla de SEP no hay convicción de arreglar el desorden que el rector Alejandro Vera Jiménez ha provocado.

Por si hubiera alguna duda, Nuño Mayer estableció contundente que el gobierno federal no le ha fallado a la UAEM; alias, dejó entrever que el rector, como en otras universidades, tiene que cumplir con lo que le toca.

TAL VEZ ahora sí el rector Vera Jiménez debe reconsiderar la tribunera pantomima de heroísmo cuando dijo que estaba en la mesa su renuncia, para hacerla efectiva dignamente “por motivos de salud” de la UAEM.

O sea, más allá de su retórica, en los hechos la UAEM está metida en un serio problema, no solo financiero, y ello coincide con su gestión en el cargo de rector, que hace rato ha mutado por el de activista político.

Por cierto, el dicho del secretario Aurelio Nuño de que no hay recursos extraordinarios para rescatar a la UAEM choca con el discurso del rector de que su marcha a la Segob fue fructífera. Mala cosa, sin duda.

FLACO FAVOR le hacen dos-tres subalternos al presidente municipal de Cuernavaca, Cuauthémoc Blanco, cuando a rajatabla acuden a los establecimientos mercantiles con la amenaza de cerrar el changarro.

Si no es por la carencia de licencia de funcionamiento, algo le han de encontrar al negocio en turno para evitar que opere al margen de la ley, y, claro, de paso se trata de recapitalizar las arcas municipales.

La falta de tacto o eficiencia es que no se privilegia la probabilidad del ordenamiento, sino que ponen condiciones complejas al negociante y con ello provocan el rechazo a la autoridad y desestimulan la actividad económica.

CUENTAN LAS de doble filo que el (i) responsable de hacerle ruido a Morena con el repudiado intento de ingreso de un viejo amigo es aquel que a veces aterriza en Morelos y que no es otro que el inefable “Rabín”.

Por E. Zapata / [email protected] /  Twitter: @ezapata19