CUALQUIERA QUE haya corrido la pradera en la práctica del futbol, llanero o profesional, sabe lo que es una ampolla en la planta del pie; se puede seguir en la cancha, pero molesta y afecta a los talentosos.

A Cuauhtémoc Blanco, ex jugador profesional y alcalde de Cuernavaca, lo amenaza una ampolla, no en el pie, sino en la base de su gobierno por la obligación de hacer público, de oficio, sus haberes y deberes.

No es como para dejar la cancha del servicio público, sin embargo el imperativo de dar a conocer en qué consiste su riqueza, antes del 15 de abril, requerirá algo más que “cloruro de etilo” o una sola “curita”.

OTRA AMPOLLITA que empieza a dar lata al gobierno de Cuernavaca es, en el mejor de los casos, un deficiente manejo en la información pública relacionada con tarifas del siempre caliente impuesto predial.

El peor de los casos es que una vez concluido el periodo de gracia para multas y recargos para los morosos, venga entonces el ramalazo, ése que teme un núcleo de la comunidad que gusta de bloquear las calles.

Puesto en términos futboleros también, en la imaginaria aparece el cambio: sale, la simpatía por el ídolo nacional del futbol Cuauhtémoc Blanco, y entra la molestia por los intentos de bolseo a los ciudadanos.

COMO SI no fuera suficiente, esta administración municipal capitalina, que todavía no cumple los 100 días de ejercicio, trae una piedrita en el zapato en forma de deuda al Instituto de Crédito y el reclamo creciente.

Es cierto que los 4.3 millones de pesos que se deben al Instituto fue por anomalías en tiempos de Morales Barud, Sánchez Gatica-Martínez Garrigós, pero como sea le toca responder a las actuales autoridades.

Consecuencia: están suspendidos los créditos a la base trabajadora, a pesar de haber hecho su aportación, y por natural la molestia apunta a acciones drásticas a sus actuales jefes o que paguen los irresponsables

QUE EL costo de emplacamiento y engomado de autos en Morelos sea de $550, contra mil 60 de Jalisco y 2 mil 300 de Michoacán, no es cosa menor para el bolsillo. Que nunca satisface pago alguno, es otro cantar.

Por E. Zapata  /  [email protected] / Twitter: @ezapata19

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