SURGE NATURAL la pregunta de si hay derechos humanos de primera y de segunda categoría, y la de si unos merecen atención urgente y otros pueden esperar a que tal o cual burócrata de la CDHEM quiera atender.

El “trabucle” surgió por aquello de lo oficiosos y hasta rapiditos que son algunos canchanchanes de los derechos humanos para defender el derecho a manifestarse de los que hacen suyas las calles y plazas.

Se la han de sacar diciendo que mientras no haya alguna queja de los miles y miles de peatones y conductores afectados por las marchas, ellos no pueden ir contra antorchos, cntecos, ruleteros, aleluyos, etc.

POR CIERTO, está para reír, llorar o rezar, aquello de que los dueños de rutas ponen el grito en el cielo cuando se les quieren cobrar 5 mil pesos por renovar sus concesiones, porque se les hace muy caro…

Dicen, los que dicen que saben, que cada uno de los vehículos que tienen puede costar el millón de pesos y que el precio de las placas en el mercado negro puede llegar al millón y medio, que no es poca cosa.

Alias, su negocio puede ser de dos y medio millones, mientras que sus ganancias ni modo que sean menos de eso; sin embargo, se ponen sus moños cuando la autoridad les pone la tarifa, que sería un pelo de gato.

EN PUNTO un aparte, cavilaba el ilustre colega Pérez Durán qué será de aquel nicaragüense Jayro Barilla, que se hizo pasar como mexicano para ser empleado de Cuernavaca y Morelos hasta diputado estatal.

Eran finales de los 90’s e inicios de los 2000’s cuando el nica se pegó al entonces panista Sergio Estrada, primero alcalde y luego gobernador, hasta que JL Correa (qepd), JJ Rivas y otros descubrieron la chapuza.

Hoy ubicado en Guatemala, no ajeno a la grillita, se le cree redimido por una confesión: “Prefiero vivir mi vida reconociendo que no soy perfecto… en lugar de vivir mi vida pretendiendo ser alguien que no soy”.

A OTRO que quieren exculpar es a Ramón Castro, en la mira para denuncia ante la Secretaría de Gobernación por grillas siendo ministro religioso. Uno dijo que solo bendice los alborotos, y otro, que no organiza. Sea.

Por E. Zapata /  [email protected] /  Twitter: @ezapata19