EN EL compás de espera para la definición de la medida oficial sobre la pobreza en México, con la escala INEGI o la Coneval, vale entresacar datos para ubicar a Morelos, más golpeado por propios que los ajenos.

Es discurso de opositores políticos y oficiosos que la entidad está cada vez más tirada a la pobreza, mientras una cruza de las dos escalas de medición colocan a Morelos el sitio 20, empatado con Tabasco y SLP.

Si los 36 de cada 100 habitantes están en esta condición y ello genera términos como estado ‘fallido’, han de faltar adjetivos para Chiapas con 65 de cada 100, Oaxaca y Guerrero 59 de 100, Veracruz y Puebla 50 de 100.

POR LA misma tónica, pero en materia de desempleo con cifras nacionales, ahí está el reporte  del INEGI, por ahora único instrumento medianamente formal y con registros recientes.

A diferencia de versiones al vuelo sobre un Morelos golpeado cada vez más por falta de oportunidades de empleo, la estadística macro indica que en el reciente mes de junio el índice de desocupación fue a la baja.

Nadie puede mentir que aquí es el paraíso del empleo, como casi ningún estado lo es, pero en los indicadores, la tasa para Morelos indica que en junio de 2015 fue de 3.1, mientras junio de 2016 bajó a 2.7.

EN CUANTO a los niveles de inseguridad estatal, se da el fenómeno de que cada infeliz caso puede ser llevado a la generalización y así apoyar la calificación de que Morelos está hundido en el imperio de criminales.

Alias, el otrora primerísimo lugar nacional en secuestros ya no funciona para sustentar la descalificación muchas veces politizada de la actual administración estatal; ahora una historia es suficiente para el ataque.

El método de contar historias para generalizar la inseguridad es que en Morelos, prácticamente todo el país y muchas naciones se les puede encontrar; ergo, Morelos y el mundo están hundidos en la inseguridad.

¿Y QUÉ tal también contar historias positivas de Morelos?, dirían los empresarios en otras palabras. No hacerlo permitiría decir que muchos de los catastrofistas estarían exhibiendo su vulgar postura maniquea.

Palacio de Cortés.
Por E. Zapata

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