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SON TAN recurrentes las marchas y plantones en Morelos, sobre todo en Cuernavaca, que como acción de estrategia pierden fuerza, más aún si de fondo traen intereses ajenos a los que dicen con gritos y pancartas.

Eso sí, los daños a la productividad, educación, salud, armonía social… no dejan de ser significativos, todo a costo de la bendita democracia, muchas veces mañosamente interpretada al violar derechos de otros.

Por ahora el músculo de la virulencia magisterial tiene reposo, por vacaciones y en razón del diálogo en Gobernación federal, pero otros tienen tiempo y, obvio, recursos para tomar el día para ir a la queja.

AYER MISMO se barajaba la opción de una megamarcha desde los puntos de costumbre, que debería aglutinar a los grupos del rector Alejandro Vera, del Obispo Ramón Castro, y de algunos transportistas.

No prosperó debido a que por el momento la comunidad ‘venado’ y los diputados andan relajados, mientras que el purpurado prometió bajarle al protagonismo y los amos del volante armaban el operativo acarreo.

Los primeros, para mostrar músculo contra cualquier mosca que ose atentar contra el enclave del rector; los segundos, dolidos por los matrimonios igualitarios, y los terceros, mosqueados por el ‘Morebuuús’.

EN EL frente del oriente, guías de la Unión Nacional de Trabajadores Agrarios (UNTA) anuncian que seguidores de los municipios de Ayala,  Tlalnepantla y Tlaquiltenango alistan toques de queda por inseguridad.

También amagan con macha colosal nacional de 120 mil almas a la de por sí convulsionada CDMX en demanda de beneficios, mientras que los morelenses dicen que es por las extorsiones y robos patrimoniales.

Por extorsión, en Ayala se denunciaron sólo 5 casos en 2015 y 2 en 2016 (5 meses); Tlalnepantla 1 en 2015 y 1 en 2016, y Tlaquiltenango 1 en 2015 y 0 en 2016. Alias, la queja tiene mucho de artificialidad.

POR CIERTO, en la manifestación de ayer a las puertas del Congreso doméstico ¿qué culpa tuvo la rata tamaño llorarás que fue colgada por quienes están en contra de… lo que sea, tampoco hay justificación.

Por E. Zapata / [email protected] / Twitter: @ezapata19